Sólo con tu pareja se ve hoy como una comedia de principios de los noventa, con sus excesos, sus ligerezas, sus bromas sexuales, sus enredos de cama y ese aire de descaro que la emparenta, en parte, con ciertas comedias españolas de los ochenta. No es una película perfecta, ni falta que le hace. Su encanto está precisamente en esa mezcla de juventud, atrevimiento, torpeza controlada y energía visual de quien todavía está probando caminos, pero ya sabe mirar.
La ópera prima de Alfonso Cuarón, escrita junto a Carlos Cuarón, tiene algo de película pequeña que quiere correr más rápido que sus propios medios. La historia de Tomás Tomás, mujeriego, irresponsable y atrapado por las consecuencias de su propia frivolidad, funciona como una comedia de enredo con fondo moral, aunque sin ponerse solemne. El miedo al VIH/SIDA, tratado desde los códigos de la época, aparece como detonante de una farsa que hoy puede resultar incómoda en algunos momentos, pero que también retrata muy bien una sociedad donde el deseo, la culpa, el machismo y el miedo al castigo convivían de forma explosiva.
Lo mejor de la película está en su ritmo, en algunas soluciones visuales y en esa sensación de que Cuarón y Lubezki ya tenían una personalidad cinematográfica muy por encima del material. La cámara se mueve con viveza, los espacios urbanos tienen carácter y la película no se conforma con ser una simple sucesión de chistes. Hay una intención visual clara, un gusto por la composición y una manera de convertir la ciudad, los apartamentos, las cornisas y los desplazamientos físicos en parte del propio gag.
Daniel Giménez Cacho, muy joven, sostiene bien a un personaje que podía haber resultado simplemente repelente. Tomás Tomás es egoísta, inmaduro y bastante miserable, pero la película consigue que también sea ridículo, vulnerable y casi patético. No se le absuelve, pero se le convierte en una figura cómica de una masculinidad irresponsable que empieza a recibir, aunque sea de forma disparatada, el golpe de sus propios actos.
Aun así, para mi gusto, quien más destaca es Claudia Ramírez como Clarisa Negrete, la vecina azafata —o sobrecargo— que introduce otro tono en la película. Su presencia tiene algo más elegante, más melancólico y más magnético. Frente al caos sexual y emocional de Tomás, Clarisa parece pertenecer a otra película: más romántica, más triste, más limpia. Cada vez que aparece, la comedia gana algo de aire y deja de ser solo un juego de puertas, camas y mentiras.
La película tiene defectos evidentes. Algunas bromas han envejecido regular, ciertos diálogos suenan afectados y el tratamiento del suicidio y de la enfermedad pertenece claramente a otra sensibilidad. También hay momentos en los que el absurdo se impone al interés dramático. Pero incluso cuando tropieza, Sólo con tu pareja conserva una frescura muy difícil de fabricar. Es una película imperfecta, sí, pero viva.
Vista hoy, quizá interesa tanto por lo que es como por lo que anuncia: el primer impulso de los Cuarón, la aparición de Giménez Cacho, la presencia luminosa de Claudia Ramírez y la mirada de un cineasta que todavía no era “Alfonso Cuarón”, pero que ya empezaba a demostrar que podía filmar una comedia ligera con más ambición visual de la habitual.
No es una obra mayor, pero sí una película simpática, histórica, descarada y mucho más importante de lo que parece a simple vista. Una comedia de enredos mexicana con aroma noventero, herencia ochentera y destellos de talento real.