Me dejó una sensación bastante irregular. Tenía ingredientes para gustarme más: Colin Farrell saliendo de prisión, Londres, gánsteres, una actriz famosa escondida del mundo, violencia seca, pasado criminal y ese aire de noir moderno que mezcla romanticismo sucio con callejón peligroso. Pero la película nunca termina de ordenar todo eso de una forma realmente potente. Empieza con estilo, con personajes llamativos y con promesa de tragedia, pero poco a poco se va deshilachando.
Lo mejor es el ambiente. Ese Londres gris, elegante y podrido a la vez le sienta bien a la historia. Hay clubes, coches, casas de lujo, calles húmedas, paparazzi, matones y personajes que parecen venir de otras películas criminales británicas. La película tiene presencia visual y cierta personalidad de superficie. Se nota que quiere moverse entre el cine de gánsteres, el noir clásico y una especie de cuento romántico condenado desde el principio. Sobre el papel, la mezcla era atractiva.
Colin Farrell funciona bastante bien como ese hombre que intenta salir del barro sin estar seguro de merecerlo ni de poder conseguirlo. Tiene la mirada cansada, el punto violento contenido y una vulnerabilidad que hace creíble su deseo de escapar. El problema es que la película lo rodea de demasiadas cosas y no siempre le deja respirar. Su personaje debería ser el centro moral de la historia, pero a ratos parece arrastrado por subtramas que van apareciendo sin encontrar una verdadera cohesión.
Keira Knightley también tenía un personaje interesante: una estrella encerrada en su propia fama, protegida y acosada al mismo tiempo, alguien que vive en una casa preciosa como si fuera una cárcel. Esa parte me interesaba porque podía hablar de la fama como prisión y de la necesidad de desaparecer para sobrevivir. Pero el romance entre ella y Farrell no termina de prender. Hay belleza, hay miradas, hay cierta melancolía, pero falta química real y falta tiempo emocional. La película quiere que esa relación pese muchísimo, pero no siempre consigue ganárselo.
Ray Winstone, en cambio, entra como una fuerza más directa. Su gánster tiene amenaza, vulgaridad, brutalidad y ese punto excesivo que puede funcionar muy bien en este tipo de historias. Cada vez que aparece, la película recupera algo de peligro. También hay secundarios con color, personajes excéntricos y momentos aislados que tienen gracia o tensión. El problema es que todo parece competir por el mismo espacio. Hay demasiadas líneas, demasiados tonos, demasiadas ideas sin desarrollo suficiente.
La crítica que dice que pone muchas cosas sobre la mesa al principio y luego se convierte en violencia aburrida tiene bastante sentido. Los primeros minutos prometen una película más viva, más afilada, más ingeniosa. Luego la narración empieza a acumular elementos: redención, crimen organizado, amor imposible, fama, chantaje, lealtades, familia, venganza, pasado, futuro. Y en vez de crecer, se dispersa. No es que no pase nada; pasa demasiado, pero no siempre importa.
También se nota que quiere tener ese sabor de cine criminal con frases duras, personajes rotos y destino fatal. A ratos lo consigue. Hay escenas con buena atmósfera, momentos de violencia que duelen y una sensación de que nadie puede escapar del todo de quien ha sido. Pero le falta precisión. Un buen noir necesita fatalidad, sí, pero también una estructura interna que haga que cada caída parezca inevitable. Aquí muchas cosas parecen más colocadas que necesarias.
No me aburrió del todo, porque el reparto ayuda y porque el tono tiene algo atractivo. Pero tampoco me atrapó como debería. Es una película que se mira con interés parcial, esperando que sus piezas encajen mejor de lo que finalmente encajan. Farrell está bien, Knightley aporta misterio, Winstone impone y el Londres criminal tiene encanto. Pero el conjunto se queda por debajo de sus posibilidades. Tiene estilo, pero no suficiente alma. Tiene violencia, pero no siempre tensión. Tiene romance, pero no verdadero fuego.
Lo que más me frustró es que parecía tener una película mejor dentro. Una versión más limpia, más centrada en el choque entre el exconvicto que quiere desaparecer y la actriz atrapada en su imagen pública, podría haber dado un drama criminal mucho más triste y elegante. O una versión más seca, centrada en el hampa londinense, habría funcionado como thriller de gánsteres. Pero al intentar ser muchas cosas a la vez, se queda a medio camino en casi todas.
Al final, me parece una película floja pero no despreciable. Tiene buenos actores, algunos momentos con fuerza y una atmósfera atractiva, pero también una trama poco cohesionada, un romance débil y demasiadas subtramas que no respiran. Se deja ver si te interesa el noir británico moderno o el reparto, pero deja la impresión de oportunidad perdida. Como reloj roto de estilo retro, todavía tiene partes bonitas. El problema es que no marca bien la hora.