Van Damme's Inferno
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cine
Un visitante
5,0
Publicada el 9 de agosto de 2021
Excelente actor van damme
Siempre actua bien es un gran icono del cine
De los mejores
De todo los tiempos
cine
Un visitante
0,5
Publicada el 10 de septiembre de 2018
Del nabo no sirve no te deje ber nada por más que agas cuentas o ingresa tus cuenta no dejan aser nada
Malone
Malone

1 críticas Sigue sus publicaciones

1,5
Publicada el 11 de agosto de 2026
Van Damme's Yojimbo + erotismo + lisergia + director de "Karate Kid"

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El descenso a los infiernos de Van Damme es bien conocidos. Su afán por tomar pésimas decisiones, su personalidad difícil y sus adicciones plusmarquistas, con aquellos 10 gramos de farlopa diaria en 1996, han condicionado su vida sin piedad. Un viaje que lo llevó muy arriba para, después, caer al vacío y descojonciarse contra el suelo en unos pocos años. Si en la RAE buscásemos autodestrucción, la foto de Van Damme debiera acompañar la definición.

"Van Damme's Inferno" (1999) corresponde, sin embargo, no a los albores de su periodo de hundimiento, iniciado años atrás, sino a cuando ya andaba cogiendo velocidad descendente y el aire apenas le permitía mantener los ojos abiertos. Una ceguera que aquí queda más que patente al comprobar el percal que lía.

Así, el bueno del bruselense se marca un plagio del "Yojimbo" (1961) de Kurosawa, fallecido justo un año antes. Clásico relato en donde un desconocido aterriza en un pueblo perdido para repartir galletas entre las bandas de criminales que lo tienen sometido. Un cuento copiado multitud de veces, con pocas excepciones dignas, que aquí es denigrado gracias a un delirio orquestado por el que fuera director de "Rocky" (1976) y las tres primeras entregas de "Karate Kid".

Entrando en materia, estamos ante una obra con tintes de espiritualidad pretenciosa, plagada de personajes surrealistas y con un humor bobo, ajeno, casi haciendo "photo-bombing" por estar donde no debería. Con unas interpretaciones horrorosas, y gente como Pat Morita humillándose a sí mismo sin piedad, la película abraza la serie B tanto presupuestaria como intelectual (aunque costó $15 millones de entonces). La consecuencia es una historia insostenible, personajes con la dimensionalidad de una hoja de papel, ausencia de lógica en todo lo que sucede, diálogos que son cortes con bisturí en el cerebro y un Van Damme al que no le caben las pelotas en los pantalones.
 
spoiler: Baste decir que Jean Claude se monta una venganza personal que le deja tiempo para salvarse de la muerte; recibir un masaje de pies; hablar con un tipo que, por momentos, no se sabe si es real o imaginario; ejecutar de forma sumaria al primero que se le pone chulo; participar en sketchs pretendidamente humorísticos; montarse un trío de porno suave mientras una anciana fanática religiosa se calienta haciendo de voyeur; confundir el enamoramiento con un ictus; asesinar gente a granel en un ecosistema en donde no existe la policía; y, ya si eso, hasta incluso salvar de la ruina un asentamiento desértico. Todo en hora y media.

 
Como punto a favor, por no ser demasiado cruel, cabe citar que la película es tan delirante que, por momentos, hasta resulta un poco entretenida. No por buena, sino porque genera un extraño efecto velcro en el espectador, quien se queda enganchado a la espera de la nueva estupidez que se le ocurra a la película.

Y todo esto proveniente del oscarizado director John G. Avildsen, un tipo con un ego como una catedral y al que ya despidieron de rodajes anteriores por cretino. No obstante, conviene indicar que, según cuentan en IMDB citando una biografía del realizador (no comprobado), parece ser que la película que montó Avildsen obtuvo muy buena recepción en los pases de prueba. Sin embargo, Juan Claudio, poco convencido con el resultado, y como ya hiciera con "Cyborg" (1989), le metió mano al montaje hasta convertirlo en lo que acabamos viendo. La edición de Adildsen, aun existiendo una copia, nunca vio la luz.

Sea como fuere, estamos ante una bizarrada en donde nada tiene sentido. Al menos es mejor que toda la basura que, en los años posteriores, rodaría Jean Claude sin más criterio que su última borrachera.
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