El rito pertenece a esa familia de películas de posesiones y exorcismos que parecen venir ya con el manual debajo del brazo: sacerdote con dudas, fe puesta a prueba, Vaticano, casos inquietantes, frases solemnes y una amenaza demoníaca que debería dar más miedo del que finalmente da. No es un desastre, pero tampoco una película especialmente memorable. Se puede ver para pasar el rato, aunque a ratos pesa más de lo que debería.
La película tiene una virtud clara: Anthony Hopkins. Incluso cuando el material no está a su altura, él consigue darle presencia, ambigüedad y algo de inquietud. Su personaje funciona porque Hopkins sabe moverse entre la calma, la ironía, la autoridad y la sombra. Cada vez que aparece, la película mejora. El problema es que ni siquiera un actor como él puede convertir una historia tan conocida en algo verdaderamente nuevo.
La ambientación también ayuda. Roma, el Vaticano, los espacios oscuros, los interiores religiosos y cierta seriedad visual le dan a El rito una atmósfera digna. No es una película chillona ni exageradamente efectista, y eso se agradece. Intenta tomarse el tema con gravedad, sin convertir cada escena en un festival de sustos baratos. Pero esa misma gravedad acaba volviéndose en su contra, porque durante muchos tramos la película resulta demasiado solemne, demasiado lenta y demasiado convencida de que su tema ya basta para impresionar.
El problema principal es que no asusta demasiado. Tiene alguna escena correcta, algún momento incómodo y alguna imagen con fuerza, pero le falta verdadera tensión. En el cine de exorcismos siempre está el fantasma de El exorcista, y aquí la comparación pesa mucho. El rito quiere ser seria, atmosférica y espiritual, pero a menudo se queda en una zona intermedia: no es lo bastante perturbadora como terror, ni lo bastante profunda como drama de fe.
También hay algo previsible en el viaje del protagonista. Sus dudas, sus resistencias y su evolución están contadas de una forma demasiado ordenada. La película parece más preocupada por llevarlo de un punto moral a otro que por hacerlo vivir una experiencia realmente estremecedora. Y cuando una historia sobre el demonio se vuelve más didáctica que inquietante, algo falla.
Aun así, El rito no es una película insoportable. Tiene oficio, buenos actores y una factura correcta. Para una tarde de terror religioso sin grandes exigencias, cumple. Pero se queda lejos de las grandes películas de posesiones. Le falta intensidad, le falta riesgo y le sobra solemnidad. Hopkins merece la atención; la película, bastante menos.