El arte de pasar de todo
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decatur555
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3,5
Publicada el 21 de septiembre de 2026
Hay una edad en la que la apatía puede confundirse fácilmente con una filosofía de vida. No hacer nada, no comprometerse demasiado, mirar el mundo desde cierta distancia y convencerse de que todo da un poco igual puede parecer una forma de lucidez cuando, muchas veces, es simplemente miedo. El arte de pasar de todo se mueve precisamente en ese territorio: el de alguien suficientemente inteligente para justificar su propia inacción y suficientemente joven para no comprender todavía cuánto puede costarle.

Freddie Highmore encaja muy bien en ese tipo de personaje retraído, irónico y algo exasperante que vive instalado en una especie de suspensión emocional. George observa más de lo que participa, piensa más de lo que actúa y convierte la indiferencia en protección. La película no presenta esa actitud como algo admirable, pero tampoco se dedica a juzgarla. Le interesa más mostrar cómo una postura aparentemente cómoda puede empezar a convertirse en una jaula cuando llega el momento de tomar decisiones reales.

Emma Roberts aporta el contraste necesario sin caer del todo en el arquetipo de “chica que viene a salvar al chico solitario”. Sally tiene su propia ambigüedad, sus inseguridades y una manera de relacionarse con el mundo que también está lejos de ser sencilla. La conexión entre ambos funciona mejor cuando la película evita convertirla en una gran historia romántica y se concentra en algo más pequeño: dos adolescentes que se reconocen mutuamente como personas un poco perdidas.

Ese es uno de los aspectos que mejor me funcionan. La película habla de enamorarse, claro, pero también de algo más general: del momento en que otra persona te obliga a dejar de vivir exclusivamente dentro de tu cabeza. George puede elaborar discursos sobre la inutilidad de esforzarse, sobre lo absurdo de preocuparse por el futuro o sobre la falta de sentido de muchas obligaciones, pero encontrarse emocionalmente implicado en otra persona complica bastante esa teoría.

La música ayuda muchísimo a crear esa sensación. La banda sonora tiene un tono indie, melancólico y ligeramente desganado que parece construido para acompañar paseos solitarios por Nueva York, tardes grises y ese tipo de tristeza adolescente que todavía no sabe exactamente de dónde viene. Y cuando encima aparece Pavement, la película parece encontrar la banda sonora perfecta para su protagonista: inteligencia, desgana, ironía y una sensibilidad escondida debajo de una apariencia de indiferencia.

Ese componente musical no es un simple adorno. Le da a la película una identidad que el guion, por sí solo, quizá no tendría. La historia de adolescente inteligente, desmotivado y sentimentalmente confundido no es especialmente nueva; de hecho, buena parte de las críticas negativas van precisamente por ahí. Hay elementos reconocibles de muchas películas de crecimiento personal, personajes secundarios que cumplen funciones bastante previsibles y una visión de la adolescencia muy ligada al cine indie norteamericano de aquella época.

Pero a mí esa familiaridad no me molesta demasiado porque el tono es agradable y nunca intenta convertir cada conflicto en una revelación monumental. La película sabe que muchas crisis adolescentes se sienten gigantescas para quien las vive aunque desde fuera parezcan pequeñas. Esa proporción subjetiva está bastante bien captada: la posibilidad de decepcionar a alguien, no saber qué hacer con el futuro o sentir que todos avanzan mientras uno sigue parado pueden adquirir una dimensión enorme.

También funciona el entorno de Nueva York. No aparece como la ciudad espectacular de los grandes monumentos, sino como un espacio de tránsito: calles frías, cafeterías, aulas, galerías y lugares donde los personajes pueden estar juntos sin terminar de saber qué quieren decirse. Esa ciudad ligeramente gris y cotidiana combina muy bien con la personalidad de George y con la música. Hay una sensación constante de invierno emocional que nunca llega a transformarse en verdadero dramatismo.

Highmore consigue además que el protagonista siga resultando humano incluso cuando su pasividad puede irritar. George posee cierta arrogancia defensiva, como si considerar absurdas las expectativas ajenas le permitiera no exponerse nunca al fracaso. Ahí la película toca algo bastante reconocible: a veces “pasar de todo” no significa que nada importe, sino exactamente lo contrario. Puede ser una manera muy eficaz de no arriesgarse a descubrir que algo importa demasiado.

La película pierde algo de fuerza cuando entra en terrenos más convencionales. Hay conflictos que se ven venir, relaciones que siguen caminos familiares y momentos en los que parece obligada a recordar que seguimos dentro de una historia de maduración adolescente. Tampoco profundiza demasiado en algunas cuestiones familiares o educativas que podrían haber enriquecido bastante el retrato de George. Se conforma muchas veces con sugerir en lugar de desarrollar.

Aun así, prefiero esa modestia a una película empeñada en convertir la adolescencia en una sucesión de grandes discursos. El arte de pasar de todo resulta sencilla, ligera y bastante sentimental, pero tiene encanto. Su mejor cualidad está precisamente en esa mezcla de melancolía y calidez: no pretende que encontrar a otra persona solucione automáticamente tus problemas, pero sí reconoce que a veces basta para empezar a mirarlos de otra manera.

No descubre nada nuevo sobre crecer, enamorarse o dejar de esconderse detrás de la apatía, pero captura bastante bien ese momento en que fingir que todo te da igual empieza a resultar más agotador que admitir que algunas cosas sí te importan. Y con una banda sonora así, todo entra bastante mejor.
Lourdes L.
Lourdes L.

1.876 usuarios 101 críticas Sigue sus publicaciones

3,0
Publicada el 2 de julio de 2015
"La felicidad es algo que debes cuidar", consejo apabullante de una madre a su hijo pero ¿es que acaso puedes tenerla, atraparla o conservarla más allá de su voluntad?, ¿no es tan fugaz, etérea y esquiva que se tiene y pierde por igual?, ¿se siente su presencia como majestuoso sentimiento que te inunda de placer y gravidez, que explosiona en el corazón cual sutil arma poderosa, incesante e incandescente, contra todo mal/su ausencia como letanía soporífera y angosta que hunde y aniquila todo tu ser hasta anular tu persona?
"No tengo nada que decir", la mejor repsuesta que se puede decir de un chaval honesto y sincero, leal y fiel a si mismo que admite "Tengo un problema con la motivación" pues "Si vivimos solos, morimos solor, todo lo demás es una ilusión" ¿qué sentido tiene nada?, ¿para qué esforzarnos?, ¿implicarse en nada?, cuestiones metafísicas que inundan su mente y alteran su bienestar, un levantarse para acostarse y, mientras tanto, no participar en nada, deambular consigo mismo en unidad que ocupa todo el espacio y tiempo.
Su destreza, simpatía y encanto residen en el acierto de la elección del protagonista, un adorable y tierno Freddie Highmore al que, sin duda, cogerías de la mano, con quien, sin pensarlo, te sentarías a charlar y de quien, inevitablemente, te quedarías prendado después de fijarte en él entre la sosa mutitud al descubrir sus anómalos y deliciosos atributos, un placer de compañía que sin contar nada nuevo que no forme parte de la dura tarea de crecer, del riesgo del avance, de la decepción del fracaso, el esplendor del beneficio, de la angustia de la duda, de la firmeza de la decisión lo hace con carisma diligente, brisa fresca y delicadeza de encarar el feroz trauma de la finalidad de esta vida, el pretexto para vestirse cada día, el fundamento para hacer algo más que desfilar, con parsimonia, hasta la llegada de la segura y esperada muerte con gracia, esmero y una dulzura apetente que te permite estar atenta, con más ganas de la admitido, a las palabras y reflexiones de este melancólico de la existencia que despertará de inmediato cuando haya que pagar la hipoteca, tenga que hacer los deberes, quiera graduarse y deba dejarse de bromas pues la vida le golpea con severidad en la mejilla para interrumpir su desidia y que empieza a mover ficha.
"..., me apabulló la tristeza cuando comprendí que cambiaría y todo sería peor, como una nostalgia por el presente que nunca tendría fin", y a pesar de ello, nos embarcamos en esta difícil tarea de andar y hacer camino, aprender y perdonar, suspender y proseguir, mezcolanza de un pasado superado/esperanza de un futuro siempre mejor y, mientras tanto, un presente exiguo que se nos escapa sin darnos cuenta y cuyo potencial, real y factible, es lo único que tenemos; un canto a la vida que empieza con un temor a la misma, un modesto y humilde "Reality Bites" centrado en la etapa anterior, ese dificultoso elegir la ruta cuando no se sabe el destino ni se está seguro de querer llegar a meta, escuela maldita e inolvidable que pretende ser guía y la cual, el artista autodidacta a quien gustan las capas, desprecia y rechaza hasta que la sesión de prueba termina y da paso a la realidad.
Argumento ordinario compuesto por un perspicaz y elocuente guión y un atractivo personaje principal, secundarios agradables y un compás maduro a través de los ojos seductores de un adolescente cautivador, elementos clave de esta pieza exquisita, sugestiva, de visión sencilla, hechizo cordial y recompensa fructífera; un ángel, todavía no mancillado, que conserva su inocencia e inicia su despunte a la adulta existencia, responsabilidad de asumir tus actos y consecuencias, aprecio y consideración que entregas con voluntad, deseo y sin lamento.
La virtud de acertar sin escándalo ni gran revuelo que deja un grato y gustoso recuerdo, comienzo del árbol de su vida, descubrir a quien lleva dentro, decidir el recorrido, sentir la intensidad de cada día, la alegría y tristeza que se intercambian por minutos, libre y atrapado por igual..., sentimientos a flor de piel en una noria emocional difícil de manejar, todo ello con sabias maneras y breves apuntes de elocuencia; atractiva soltura y deliciosa rareza para el ¡arte de vivir!, sin más.
cine
Un visitante
4,5
Publicada el 29 de diciembre de 2011
Me parece un buen tema ya que la mayoría de los adolescentes siempre tienden a pasar por la vida como sin nada pero el amor lo cambia todo , excelente película ,la recomiendo
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