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    Sunset Song
    Críticas
    4,5
    Imprescindible
    Sunset Song

    La disolución de un mundo

    por Quim Casas
    “A Scots Quair” es el título de la trilogía que el escritor escocés Lewis Grassic Gibbon (de nombre real James Leslie Mitchell) dedicó en 1932 a la disolución de un mundo concreto en las dos primeras décadas del siglo XX, la Escocia rural. La primera de estas tres novelas, “Sunset Song”, es la adaptada por Terence Davies en un filme absolutamente fiel a los criterios narrativos y estéticos del director de Voces distantes, un modelo de coherencia envidiable en el panorama de nuestro voluble tiempo cinematográfico. Cuestionada como una película menor o repetitiva en cuanto a lo ofrecido previamente por el director –muchísimo, aunque escaso en términos de producción: solo tres cortos agrupados en una sola película y siete largometrajes entre 1976 y 2016–, Sunset Song procede a relatar otra historia de ausencia y desamparo con la misma capacidad para la emoción sesgada y el drama que desborda pero queda atrapado en la pantalla con una exquisita contención.

     Sunset Song - Cartel
    Este estilo, innegociable, ha hecho de Davies uno de los grandes nombres propios del cine británico de las últimas cuatro décadas, aunque no haya fraguado su popularidad en la crítica social como Stephen Frears, en la experimentación sobre los límites del melodrama como Mike Leigh o en el último cine político facilón y casi despreciable como Ken Loach, por citar solo cineastas contemporáneos de Davies. Más minoritario que todos ellos, infinitamente mejor –solo Leigh se le acerca, aunque las formas que tienen ambos de aproximarse al melodrama sean distintas–, Davies procede a remover la envoltura del cine literario y el cine de época a través de una confianza ciega en lo que está en el plano y lo que se sugiere fuera de él, el empleo de las canciones tradicionales –aquí menor en comparación a Voces distantes o El largo día acaba– y la remodelación de lo que se entiende por interpretación dramática: lo demuestra, para el personaje principal, la elección de la modelo y actriz sin demasiada experiencia Agyness Deyn, una mujer baqueteada por todo tipo de desgracias, desde los excesos etílicos y violentos del padre hasta la pérdida del marido en la primera guerra mundial.

    A pesar de que se mantiene fiel a su idea de la representación cinematográfica, Davies procede en Sunset Song a algo no habitual en su estilo: el empleo de un flash back para aclarar de que forma murió realmente el marido. En ese flash back se contiene lo mejor del cineasta –la absoluta armonía entre el movimiento de cámara por trincheras y fango y la canción escocesa que acompañó la ceremonia nupcial de los protagonistas– pero también un giro inesperado en su dispositivo narrativo, un regreso al pasado en un director que siempre ha reproducido ese tiempo pretérito (y por lo general autobiográfico) desde la concisión del presente. Pero el flash back no es aquí un defecto, sino una inquietud, el síntoma de que algo puede estar cambiando en Davies, siempre para bien.



    A favor: la forma personal con la que Davies encara el cine literario y de época.

    En contra: la extendida corriente de opinión que la considera “un Davies menor”.
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