La reciente cinta del laureado superhéroe favorito de muchos con ahora un nuevo director a la cabeza del proyecto (Jon Watts) puede resumirse concretamente como un buen y agradable punto de partida como reinicio de franquicia. El tercero, para ser precisos. Homecoming, al igual que varias de las películas de su fábrica, presenta un porte aireado y bienaventurado a la hora de brindar un espacio especialmente delimitado del melodrama en el que otros largometrajes del superhéroe se solían enroscar con absoluta libertad. Aquí todo fluye más cómodamente, ambientado en un área juvenil, dispuesta a ser amistosa con el público infantil, pero no por ello no ser atractiva para el público adulto. Homecoming tiene frescura, una frescura carismática que la hace diferente a muchas otras películas del género -incluso a las de Marvel- porque la misma insignia protagonista nos hace tomarnos todo a la ligera con un buen rato de carcajadas, liviandad narrativa y un disfrutable cameo del gran Stan Lee.
En esta renovada versión, las características que prevalecen en nuestro querido héroe araña, a diferencia de otras tantas, se limitan más a la simplicidad de una interpretación acorde a un público ligeramente guiado por un magnetismo rico en dotes artísticos que vayan acompañados de una buena dosis de humor y entretenimiento palomitero. Esta fórmula, muy inserta en las películas de la industria Marvel, es la clave del éxito de todas sus obras cinematográficas, y sin ir más allá, lo es en casi toda la totalidad de este filme. Porque Spider-man: Homecoming nos deleita con espontaneidad al cultivar una historia que se desarrolla con dinamismo y sencillez, sin tener la profundidad argumental de películas de su sello como Iron Man, pero Spider-man es Spider-man, y gana fuerza hasta de donde no la tiene. Esto no quiere decir que Homecoming no se tome las cosas en serio, pero en comparación a lo visto en el género, ésta cuenta con más liviandad, que atrae a partir de un simpático reparto que, lejos de la firmeza encontrada en filmes como el Soldado del Invierno, tiene un protagonismo que encuentra su gloria en los momentos en los que la trama pide ligereza y frondosidad.
Entretenimiento y diversión con absoluta diligencia, y esto está espléndidamente anexado a un Tom Holland que es simple y llanamente todo lo que Marvel buscaba en el puesto vacante del superhéroe: una interpretación acorde a un Peter Parker bastante voluble, que a pesar de la comedia que caracteriza al film, también tiene ocasiones en las que deja en claro que su papel está para mucho más que hacer reír, teniendo esencia con la irresponsabilidad tan arraigada del Peter de Stan Lee de los años 60', así como también presentando afinidad con la gran línea Ultimate a partir de los siempre infaltables aprendizajes morales que, a pesar de la ausencia del tío Ben (que aunque muchos alaben su ausencia, en verdad se nota que falta una pieza en este rompecabezas) son impartidos por la eterna bienvenida presencia de Robert Downey Jr., que lejos de ser el acompañamiento paternal que la mayoría advertía con antelación, tiene una trascendental función en el desarrollo personal de nuestro protagonista, intentando que recapacite y tome conciencia en la responsabilidad que conlleva ser un héroe. No importa la trama, ni quien se encargue de tomar las riendas de un proyecto del arácnido, siempre tendremos esa grata sensación de que Peter está aprendiendo, poco a poco, el significado de ser el Hombre Araña. Por otra parte, la otra clave del éxito de Homecoming, sin lugar a dudas, está en un espléndido Michael Keaton que rescata lo mejor de un personaje que en el cómic jamás encontró relevancia, pero que aquí, es importante para el desarrollo argumental, y brinda un giro de tuerca tan peculiar como inesperado que deja boquiabierto a todos por igual -literalmente, que al verla en el cine, se pudo escuchar un fuerte "Uh" proveniente de los espectadores-. Por ende, Keaton expande las capacidades de un villano corto de interés y encanto, al grado de llevarlo a ser uno de los mejores enemigos jamás vistos en la pantalla grande del género, con una actuación realmente fina e intensa a la par, pero sobre todo, muy creíble.
Por lo demás que conjuga y conforma a Spider-man: Homecoming, todo funciona acorde a lo esperado. Aunque haya raudos retoques que hagan fruncir el ceño a los más entendidos sobre el trepamuros, en verdad que esta película encuentra con qué hacerle honor al personaje. Es cierto, su ambientación es quizá nulamente similar a la seriedad y firmeza que Sam Raimi y Marc Webb (sobre todo Raimi) tuvieron en su entonces, pero con Tom Holland a la cabeza, esta versión del lanzaredes encara hacia una perspectiva un tanto más light y digerible, que no se deja enrollar por los clásicos melodramas de las historias arácnidas, y lejos de aquel embrollo -que por cierto muchas veces fue criticado, pero ahora todos salen con que son necesarios; decídanse, por favor- halla un camino exuberante a través de una narrativa que no da lugar a los orígenes (apenas se nos informa de buena gana el de Vulture), es muy dinámica gracias a un elenco que le encaja de pies a cabeza a un guión rico en referencias y un recreo que ofrece, principalmente, un agradable rato de humor y diversión, pero sobre todas las cosas, una biografía arácnida que en ningún momento se siente contrapuesta al envoltorio ya creado por la industria marveliana. Homecoming es un disfrutable filme, en el podio de lo más excéntrico que Marvel ha brindado hasta entonces, de la mano de un Tom Holland que deja la gustosa sensación de poder drenar la figura de Spider-man que se le ha atribuido. Spidey tiene su tan ansiado y merecido regreso a casa.