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    El amor no es lo que era
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    Lourdes L.
    Lourdes L.

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    3,0
    Publicada el 5 de abril de 2015
    "En la parábola parece que las trayectorias nunca vuelvan a unirse pero, en un punto lejano, siempre vuelven a acercarse; el comportamiento en la hipérbole es distinto, los cuerpos nunca volverán a su punto de origen".
    Resumen matemático perfecto y magnífico de la realidad plasmada, clave estratégica para entender la presentación y andadura de las tres parejas protagonistas; dos parábolas, una joven y recién creada/otra veterana y muy curtida que, a pesar de sus contratiempos y reticencias, lograrán encontrar el punto del camino que les lleve a encontrarse y andar juntos y, una hipérbole, estática, inerte e insustancial, sin nada que compartir ni expresar que nunca lograrán, por falta de apetencia, energía y esfuerzo, volver al maravilloso punto de encuentro que un día les enamoró.
    "La diferencia entre mirar y ver es sólo un estado de ánimo" y, estados de ánimo es lo que ofrecen estos seis personajes cotidianos, nada especiales pero únicos en su exclusivo y sensible armazón, en transitiva soledad acompañada que buscan encauzar sus historias, paso a paso, con humildad y al son que les marque la vida.
    Todos conectados por seis grados de separación/todos separados por kilómetros de distancia emocional, la sencillez de mostrar la andadura de una pareja joven, ingenua y con toda la esperanza por delante que se inicia, con sus miedos y dudas, osadía y valentía, la parada invernal y estacionaria, que no entra en calor ni despierta, de quien lleva tiempo junto a un extraño conocido, cuya ausencia, no se nota y, cuya presencia, molesta por disminuir el espacio de una marcha que, a esas alturas, ya se ha hecho individual y, el renacer de un encuentro jubilado que activa sensaciones con la seguridad de los errores cometidos y la firmeza de saber lo que no se quiere, todo ello ofrecido con tranquilidad y reposo, serenidad y complacencia de expresar con sutileza, confiando más en la sabiduría de las imágenes que en la torpeza explicativa de las palabras innecesarias cuando el silencio incómodo de un sofá compartido lo dice todo o, la entrega de unas llaves es mensaje claro de acogida y bienvenida
    Grabriel Ochoa marca un tempo cotidiano, rutinario y familiar de vida en pareja donde el amor se encuentra y florece con fuerza y resistencia o, simplemente, se aparca en el cajón de la mesita para cuando sea más oportuno pues, ahora, no se tiene tiempo para dicho cansancio y estorbo forzado, cuando el abrazo es necesitado y espontáneo/cuando la caricia es estudiada e impuesta, cuando los sentimientos pertenecen más a un pasado querido que a un alejado presente, cuando una nueva o última oportunidad llama a tu puerta y no dudas en subirte al vagón de ese inesperado tren, vaya donde vaya, mesa para uno o mesa para dos o, lo que es peor, mantel compartido por costumbre sin nada que decirse y a centímetros abismales de distancia uno del otro, cuando el mínimo detalle importa/cuando no importa nada, cuando la pasión deja paso a la desgana, cuando la oportunidad surge en medio del conformismo, cuando, cuando, cuando..., cuando vendrás para no marcharte jamás o es la bola de cristal de Alaska que quedó en el bonito recuerdo de un pasado más llevadero y agraciado.
    Puedes pensar que es llana y aburrida, plana y estéril pues no pasa nada o captar, con la delicadeza, armonía y discreción de no alterar el panorama, que todo pasa y cambia pues, un pequeño retoque, altera y modifica la distribución de la estancia, el paisaje en el horizonte, el sentir del alma y el devenir del camino de la persona, pasividad y que la vida decida o determinación de ir a por ella, pase lo que pase, unidad que bifurca o bifurcación que se funde en una.
    "Hay trayectorias en parábola y otras en hipérbole, unas se unen/otras se separan"; el amor ya no es lo que era, o renace con ilusión o se torna molestia.
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