No está mal. Me pareció una historia bastante curiosa, de esas que parten de una situación muy simple y casi imposible de estirar sin que se venga abajo: una mujer esposada a una cama, en una casa aislada, después de que un juego sexual salga fatal. Con eso, Mike Flanagan consigue montar un thriller psicológico más interesante de lo que parecía a primera vista, apoyado sobre todo en la tensión mental, en la vulnerabilidad física y en el pasado traumático de la protagonista.
Lo que más me gustó es que no intenta convertirlo todo en una película de sustos al uso. Hay miedo, claro, pero el centro no está tanto en si aparece algo en la habitación como en lo que ocurre dentro de Jessie. La película funciona cuando convierte esa cama en una cárcel física y mental: no puede moverse, no puede pedir ayuda, no puede escapar y, además, empieza a enfrentarse a recuerdos, culpas y heridas que había enterrado durante años.
Carla Gugino está muy bien. De hecho, la película depende casi por completo de ella, y aguanta el reto con mucha solvencia. Tiene que transmitir pánico, agotamiento, rabia, vergüenza, lucidez y supervivencia sin poder moverse apenas del mismo espacio. Su interpretación hace que la situación no parezca solo un ejercicio de guion, sino una experiencia cada vez más angustiosa. Sin ella, probablemente la película se habría quedado en bastante menos.
También me gustó Bruce Greenwood, porque su presencia va más allá del marido muerto y del punto de partida macabro. Gerald se convierte en una especie de voz, de fantasma psicológico, de representación de una relación bastante enfermiza. Esa conversación imposible entre Jessie y las distintas partes de su miedo ayuda a que la película no sea solo una mujer intentando liberarse de unas esposas, sino alguien intentando salir de una prisión mucho más antigua.
La parte de Stephen King se nota mucho, para bien y para mal. Para bien, porque la premisa tiene esa mezcla tan suya de situación extrema, trauma infantil, culpa, violencia doméstica y amenaza casi sobrenatural. Para mal, porque en algunos momentos la película subraya demasiado sus símbolos y sus explicaciones. Hay ideas potentes, pero a veces parece que necesita verbalizarlas más de lo necesario, como si no confiara del todo en que el espectador las entendiera.
El elemento más inquietante, para mí, es esa duda entre lo real y lo imaginado. La presencia nocturna, la sombra, la figura extraña en la habitación, funciona porque la película juega con el cansancio, la deshidratación, el miedo y la posibilidad de que Jessie esté viendo algo que no está ahí. No siempre me dio miedo de verdad, pero sí mantiene una incomodidad constante. Y eso, en una película tan encerrada, ya tiene mérito.
El ritmo es bastante bueno, aunque no perfecto. Hay tramos muy tensos y otros en los que se nota el esfuerzo por estirar la situación. No me aburrí, pero sí sentí en algún momento que la película tenía que pelear contra sus propias limitaciones. El concepto es potente, pero también muy cerrado, y no todas las vueltas psicológicas tienen la misma fuerza. Aun así, Flanagan sabe dosificar bastante bien la información y el mal rollo.
La escena más física y desagradable funciona muy bien precisamente porque llega después de tanta tensión acumulada. No es gore gratuito, sino un momento de supervivencia extrema que duele casi al verlo. Ahí la película demuestra que puede ser dura sin perder el foco emocional. Lo importante no es solo el impacto visual, sino lo que significa para Jessie: tomar una decisión brutal para seguir viva.
Lo que menos me convenció está hacia el final. Sin entrar en demasiados detalles, creo que la película explica más de lo que necesitaba y pierde algo de fuerza cuando intenta cerrar todas las piezas de una manera demasiado clara. Me interesaba más la ambigüedad, el encierro, la lucha interna y la posibilidad de que el terror estuviera mezclado con la mente de Jessie. Cuando todo se ordena demasiado, el misterio pierde parte de su veneno.
Al final, me queda como una adaptación bastante digna, entretenida y con más personalidad que muchas películas de terror de plataforma. No me parece una obra maestra, pero sí una historia bien llevada, con una protagonista muy fuerte, una premisa sencilla y una buena mezcla de suspense, trauma y supervivencia. No está mal en absoluto: quizá le sobra explicación, pero tiene tensión, imágenes que se quedan y una Carla Gugino que sostiene la película de principio a fin.