Nele se muda a Berlín para estudiar Farmacia y seguir con el negocio familiar, pero pronto descubre que su verdadera pasión está lejos de los planes que sus padres tienen para ella. Decidida a seguir su vocación, deja la carrera y alquila un pequeño taller junto a su novio polaco para dedicarse a la restauración de muebles. Por primera vez se siente feliz y realizada con la vida que ha elegido aunque hay algo que amenaza su calma: todavía no se ha atrevido a contarles a sus padres la verdad sobre sus estudios y su nuevo camino profesional.