La idea de partida me parece muy buena. El mundo del arte contemporáneo daba para una sátira salvaje, venenosa y hasta brillante, mezclada con terror y mala leche. El problema es que la película nunca termina de convertir esa promesa en algo realmente potente. Tiene el envoltorio, tiene el reparto, tiene la premisa… pero le falta alma.
Durante un rato funciona. Hay escenas, personajes y situaciones que tienen gracia, y se nota que la película quiere reírse de los snobs, del postureo cultural y de toda esa fauna que convierte el arte en negocio, en ego y en humo. Ahí sí tiene algo. Pero poco a poco todo se va quedando en un juego bastante vacío.
Visualmente es llamativa, eso no se puede negar. Tiene color, diseño, rostros conocidos y una puesta en escena que intenta vender locura, rareza y sofisticación. Pero, en el fondo, casi todo suena más a pose que a verdadera inspiración. Es una película que parece convencida de ser mucho más aguda de lo que realmente es.
El reparto hace lo que puede y hay intérpretes que levantan escenas concretas, pero tampoco basta. El gran problema está en que la película nunca consigue que te importe demasiado nada de lo que pasa. Ni como sátira muerde de verdad ni como película de terror termina de imponer una atmósfera que te atrape.
Y eso fastidia más porque se nota que había material. Con un poco más de mala baba, de riesgo o directamente de locura visual, podría haber salido algo mucho más memorable. En cambio, se queda en una especie de híbrido extraño: ni del todo desastre fascinante ni del todo película lograda.
En conjunto, me ha parecido un fiasco con una idea muy buena detrás. Se deja ver, sí, y tiene momentos curiosos, pero al final transmite justo lo contrario de lo que debería transmitir una película sobre arte maldito: no tiene alma, no deja poso y se olvida demasiado rápido.