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"La mujer joven" (Jessie Buckley) y Jake (Jesse Plemons), quienes se conocieron hace seis semanas, hacen un viaje en auto para visitar a los padres de él (Toni Collette y David Thewlis) a la granja en la que viven, para emprender luego el retorno.
Ese es el argumento aparente de esta extraña y difícil película. Los dos protagonistas durante los viajes hablan, y mucho, sobre cine, filosofía, literatura, física... charla a la que se suma el monólogo interior del personaje de Buckley.
A partir de cierto momento, la película incursiona en el surrealismo, asoma lo siniestro y las referencias de tiempo e identidad para seguir el relato comienzan a desdibujarse y no queda otra que entregarse al mismo con nuestros propios recursos.
He visto casi todas las películas guionadas y dirigidas por Kaufman (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, El ladrón de orquídeas, Anomalisa) y todas me han cautivado intelectual y emocionalmente. Pero éste no ha sido el caso.
El pesimismo y el patetismo de Kaufman dicen nuevamente presente (sobre todo en la secuencia con los padres de Jake), su tono por momentos depresivo es semejante al de la extraordinaria y demoledora Anomalisa... pero a pesar de apelar a más de un formato y a la cruza de géneros, el peso del texto hablado y del pensado en off por la protagonista es excesivo y no es equilibrado por lo estrictamente cinematográfico.
La película nos envuelve en sus climas lyncheanos y helados (la nieve y el frío son actores fundamentales), nos intriga durante sus más de dos horas de duración, nos desconcierta con sus coordenadas témporo-espaciales, pero satura con lo discursivo y, a diferencia de lo que logra David Lynch, no logra interpelarnos desde lo dramático o lo poético.
O a usted tal vez sí. Vale la pena que haga la prueba, ya que es una película abierta a múltiples interpretaciones. Pueden leer la zona spoiler.
spoiler: Sin dudas que Pienso en el final es una película pasible de múltiples interpretaciones y la lectura de sus críticas y las charlas con amigos arrojan nueva luz sobre su sentidos e interrogantes. ¿Quién es el verdadero protagonista de la película? ¿No es acaso Jake, quien nos la relata desde su presente de ese anciano que deambula por ese colegio desierto, recordando o rearmando a una amada ideal o a un compendio de sus amores perdidos? ¿No es un intento por detener el tiempo en una relación destinada al fracaso y postergar su final? ¿No es esta teoría la que expone en la conferencia final? ¿El baile final no es su canto del cisne? Si el punto de vista fuera el de ella ¿esa inquietante visita no representa TODAS las visitas a sus suegros, las del presente y las del futuro? De este modo la película se emparienta con Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Una película sobre el frente a lo irremediable e irrecuperable.
Ese es el argumento aparente de esta extraña y difícil película. Los dos protagonistas durante los viajes hablan, y mucho, sobre cine, filosofía, literatura, física... charla a la que se suma el monólogo interior del personaje de Buckley.
A partir de cierto momento, la película incursiona en el surrealismo, asoma lo siniestro y las referencias de tiempo e identidad para seguir el relato comienzan a desdibujarse y no queda otra que entregarse al mismo con nuestros propios recursos.
He visto casi todas las películas guionadas y dirigidas por Kaufman (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, El ladrón de orquídeas, Anomalisa) y todas me han cautivado intelectual y emocionalmente. Pero éste no ha sido el caso.
El pesimismo y el patetismo de Kaufman dicen nuevamente presente (sobre todo en la secuencia con los padres de Jake), su tono por momentos depresivo es semejante al de la extraordinaria y demoledora Anomalisa... pero a pesar de apelar a más de un formato y a la cruza de géneros, el peso del texto hablado y del pensado en off por la protagonista es excesivo y no es equilibrado por lo estrictamente cinematográfico.
La película nos envuelve en sus climas lyncheanos y helados (la nieve y el frío son actores fundamentales), nos intriga durante sus más de dos horas de duración, nos desconcierta con sus coordenadas témporo-espaciales, pero satura con lo discursivo y, a diferencia de lo que logra David Lynch, no logra interpelarnos desde lo dramático o lo poético.
O a usted tal vez sí. Vale la pena que haga la prueba, ya que es una película abierta a múltiples interpretaciones. Pueden leer la zona spoiler.
spoiler: Sin dudas que Pienso en el final es una película pasible de múltiples interpretaciones y la lectura de sus críticas y las charlas con amigos arrojan nueva luz sobre su sentidos e interrogantes. ¿Quién es el verdadero protagonista de la película? ¿No es acaso Jake, quien nos la relata desde su presente de ese anciano que deambula por ese colegio desierto, recordando o rearmando a una amada ideal o a un compendio de sus amores perdidos? ¿No es un intento por detener el tiempo en una relación destinada al fracaso y postergar su final? ¿No es esta teoría la que expone en la conferencia final? ¿El baile final no es su canto del cisne? Si el punto de vista fuera el de ella ¿esa inquietante visita no representa TODAS las visitas a sus suegros, las del presente y las del futuro? De este modo la película se emparienta con Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Una película sobre el frente a lo irremediable e irrecuperable.
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