Me ha entretenido, que al final era justo lo que le pedía. No me parece una gran película ni creo que tenga demasiado fondo, pero sabe vender muy bien su propio espectáculo: estrellas carismáticas, giros constantes, robos imposibles y escenarios de postal. Es puro “boom”, puro artificio, y si entras en ese juego, funciona.
Además, ver a Gal Gadot siempre suma. Aquí vuelve a tener esa presencia elegante y magnética que hace que la pantalla se le quede pequeña. La película, de hecho, vive bastante de eso: del atractivo de sus tres protagonistas, de cómo se lanzan pullas y de cómo convierten una historia bastante ligera en algo fácil de ver.
No diría que sea ingeniosa de verdad, porque muchas sorpresas se ven venir y el guion tampoco inventa nada. Va tirando de fórmulas muy conocidas, de trampas, dobles juegos y vueltas de guion que buscan mantenerte despierto más que impresionarte. Pero ritmo sí tiene, y bastante.
También es verdad que le falta personalidad. Todo está pensado para gustar rápido, para no complicarse, para ser una de esas películas que ves en casa y te pasan bien aunque al día siguiente recuerdes poco. En ese sentido, funciona exactamente como producto de plataforma grande: caro, vistoso y bastante prefabricado.
La acción cumple, el humor entra a ratos y el conjunto no se hace pesado. No es cine de robos especialmente sofisticado ni una comedia de acción brillante, pero tampoco creo que haga falta pedirle más de lo que quiere dar. A veces apetece precisamente algo así: una película grande, tonta y consciente de serlo.
En conjunto, me ha parecido una peli entretenida, ligera y muy de consumo rápido, pero con suficiente carisma como para pasar un buen rato. No deja huella, no tiene mucha sustancia, pero cumple. Y, sí, Gal Gadot es preciosísima.