Quizá sea que me falta empatía.
Ver esta película tiempo después de su estreno con tan altas expectativas me ha jugado a la contra. El impacto que ha tenido en el público es innegable: se ha hablado de ella como una de las grandes experiencias del cine moderno, de la ciencia ficción, como una adaptación emocionante. Yo tengo una sensación distinta. No es de rechazo, pero sí de distancia.
La primera hora me funciona. La introducción es sólida en cuanto a Ryan Gosling, con su personalidad tan característica y un humor propio que no me hace gracia. Es dinámico y carismático, pero cuando la película ha mostrado sus cartas y me he instalado por completo, deja de sorprenderme. Tampoco tiene una estructura fallida, porque a veces estoy tenso e incluso emocionado. El problema es que nunca llego a sentir que estoy viendo una interpretación que vaya a dejar un legado importante.
Donde desconecto por completo en ocasiones es medio de las conversaciones entre Rocky y Gosling. Entiendo la intención: construir una amistad improbable como núcleo emocional del relato. Pero nunca me siento parte de esa amistad. A veces tengo lástima pero de forma superficial, nunca me trastoca el corazón.
Eso pasa factura a su pilar temático: el sacrificio. Hay un planteamiento importante sobre hasta dónde estaría dispuesto a llegar por la humanidad, o por quién estaría dispuesto a morir por amor, pero yo nunca me pongo a conversar conmigo mismo sobre eso. Pienso en ello dos minutos y sigo adelante con la trama. Una película que vi hace un par de años que sí me ha dejado ese peso filosófico es 'Nymphomaniac', que todavía hoy me sigue generando preguntas mucho tiempo después de verla. Con 'Proyecto Salvación' no me pasa. Incluso la premisa del posible colapso de la humanidad es un evento narrativo, no una catástrofe real. Pienso: "qué desastre", y paso a la siguiente escena.
Ni siquiera su poder visual me asombra como para quedarme petrificado. El espacio es llamativo, ideas interesantes en torno a Tau Ceti y los astrófagos, pero no me sorprendo. 'Interstellar' ha hecho mucho daño. Aunque reconozca el esfuerzo y la hazaña de lograr recrear un impacto fotográfico sin pantallas verdes, sigo estando tibio.
Lo que sí valoro es su estructura narrativa. El montaje no lineal que alterna el viaje espacial con la preparación de la misión evita que la película se estanque en un único entorno. Esa fragmentación me ayuda a mantener el ritmo y evita la sensación de fatiga visual. Incluso destacaría también el hacer accesible el guion con respecto a los tecnicismos espaciales. Tampoco he leído el libro, así que no sé si se simplifica el vocabulario o es originalmente así.
Lo sonoro tampoco es algo grandioso. La banda sonora me cansa de lo monótona que se hace al oído después de escucharla un rato. Pero, al menos, se respeta el silencio en el espacio.
No me parece una película mala ni mucho menos. Llego a entender por qué tanta gente ha conectado con ella y por qué se ha colocado en ese discurso de grandes obras maestras del cine. Sin embargo, yo esperaba otra cosa. No sé exactamente qué, pero esto no. Nunca me emociono de verdad.