Asesinato… 1-2-3 es uno de esos thrillers que se ven sin esfuerzo, pero también sin sorpresa. Funciona, avanza con soltura y nunca se cae del todo, pero desde muy pronto deja claro que va a jugar sobre seguro. Cada giro, cada sospecha y cada revelación parecen colocados exactamente donde esperas encontrarlos, como si la película siguiera un manual demasiado conocido.
La historia se mueve con corrección y cierto pulso, pero cuesta sacudirse la sensación de estar siempre un paso por delante del guion. No porque el espectador sea especialmente brillante, sino porque la película no intenta despistar de verdad. Todo está subrayado, anticipado o preparado con tiempo suficiente como para que nada incomode ni descoloque demasiado.
Sandra Bullock es, sin duda, el mayor punto a favor. Se esfuerza por salirse de su registro más amable y construir un personaje más apagado, cansado y algo hermético, y en gran parte lo consigue. Hay momentos en los que su presencia sostiene escenas que, sobre el papel, resultarían bastante planas. El resto del reparto cumple, pero sin dejar huella, como piezas funcionales dentro de un engranaje muy prefabricado.
El problema no es tanto la falta de tensión como la ausencia de riesgo. La película no se equivoca casi nunca, pero tampoco acierta con especial fuerza. Todo es correcto, limpio y profesional, pero también demasiado cómodo. Incluso cuando intenta asomarse a terrenos más oscuros o psicológicos, retrocede antes de incomodar de verdad.
Al final, queda la sensación de haber visto un thriller aceptable, de esos que se pueden poner una tarde sin demasiadas expectativas y que no molestan. Entretiene lo justo, se deja ver y se olvida con la misma facilidad. No es un desastre ni mucho menos, pero tampoco deja poso ni invita a revisitarlo. Una película que cumple… y poco más.