Me pareció una película de acción bastante correcta, de esas que no reinventan nada y se ven bien si entras en su misión militar, rescate imposible, radios y explosiones. No es fina ni profunda, pero como entretenimiento bélico a la vieja usanza funciona.
La historia es muy simple: una operación especial sale mal, un soldado queda atrapado en territorio enemigo y desde la base un piloto de drones intenta mantenerlo con vida. La película no necesita mucho más. Su gracia está en ir alternando la supervivencia sobre el terreno con la tensión del operador que lo ve todo desde lejos, impotente y con una pantalla como único contacto con el desastre.
Liam Hemsworth cumple como protagonista físico. No es un personaje complejo, pero aguanta bien el papel de tipo superado por una situación que se le viene encima. La película le obliga a moverse, esconderse, caer, correr y sobrevivir sin convertirlo en un superhéroe invulnerable.
Russell Crowe es lo que más levanta la película. Su Reaper tiene más carisma que casi todo lo demás: cansado, gruñón, profesional, con vida doméstica cutre alrededor y una forma de estar en pantalla que da peso incluso a escenas bastante funcionales. Me hizo gracia esa mezcla entre control militar de alto nivel y problemas cotidianos, como si el mundo pudiera estar explotando mientras él está pendiente de comprar queso o gestionar tonterías de supermercado.
Esa parte del supermercado es casi lo más memorable porque rompe el molde. En una película tan militar y procedimental, meter a Russell Crowe en una compra diaria absurda le da un toque humano y raro.
La acción está bastante bien rodada. Hay tiroteos, persecuciones, bombas, helicópteros, drones y combates cuerpo a cuerpo con energía suficiente. No me pareció visualmente deslumbrante, pero sí eficaz. William Eubank mantiene el ritmo y consigue tensión cuando la misión se convierte en una cadena de errores, bajas y decisiones desesperadas.
También me gustó que el dron no sea solo un juguete tecnológico. La película lo usa como extensión de la mirada, como una presencia que puede proteger pero no tocar, ver pero no salvarlo todo. Ahí hay una idea interesante: la guerra moderna como algo que mezcla distancia, precisión, culpa y dependencia absoluta de la comunicación. No la desarrolla mucho, pero le da algo de entidad.
El problema es que el guion es bastante de manual. Los personajes hablan como se espera que hablen en una película militar, las situaciones avanzan por carriles conocidos y la emoción muchas veces viene ya precocinada. Hay camaradería, sacrificio, mandos inútiles, protocolos que estorban y soldados intentando hacer su trabajo en mitad del caos. Todo correcto, pero visto.
Tampoco ayuda que algunos secundarios sean poco más que funciones dentro de la misión. Están el experto, el jefe, el compañero, el que se queda atrás, el que da órdenes, el que no entiende la urgencia. La película no pierde mucho tiempo en hacerlos memorables. Le interesa más la maquinaria del rescate que las personas.
Aun así, como serie B de acción musculosa tiene su encanto. Hay algo casi antiguo en su manera de entender el cine bélico: hombres sudados, selva, enemigos armados, comunicación por radio, explosiones y una misión que se va complicando hasta el absurdo. Puede parecer una película de hace veinte años, pero a ratos eso juega a su favor.
Lo que más la limita es que no termina de encontrar personalidad propia. Tiene thriller militar, supervivencia, drones y machismo bobalicón, pero no una mirada nueva. Se deja ver por oficio y por Crowe, no por una historia especialmente potente.
Me convenció más cuando se entrega a la acción pura que cuando intenta ponerse solemne. En cuanto dispara, corre y explota, funciona. Cuando pretende que nos importen demasiado sus frases de sacrificio y honor, se vuelve más genérica. La película debería confiar más en su nervio de serie B y menos en su gravedad patriótica.
Al final, me queda como una película entretenida, irregular y bastante limitada, pero digna dentro de lo suyo. Tiene acción suficiente, tensión razonable, Russell Crowe con carisma y algunos momentos que se recuerdan más de lo esperado. No es gran cine, pero tampoco un desastre. Una misión hostil bastante estándar, con alma de videojuego militar y algún destello de eficacia.