Munir llega a una isla aislada con la intención de tomar una decisión extrema que cambiará su vida para siempre. En este lugar remoto conoce a Valeska, una mujer enigmática que guarda secretos propios, y a su hijo Karl, un joven rudo pero profundamente leal. Al principio, la comunicación entre ellos es mínima, marcada por la desconfianza y el silencio, pero pequeños gestos de generosidad y cuidado comienzan a tender un puente entre sus corazones. A medida que Munir se va abriendo, la tensión que lo agobiaba se suaviza y surge en él un renovado deseo de vivir, mientras los lazos con Valeska y Karl le muestran que incluso en la soledad más profunda puede encontrarse la esperanza y la conexión humana.
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