Entretenimiento fácil y vacío.
He visto 'Gente que conocemos en vacaciones' muy a mi pesar. No es mi tipo de cine favorito, y precisamente por eso intento obligarme a salir de mi zona de confort: ver de todo, no quedarme únicamente en las producciones que sé que me van a gustar. Desde ese punto de partida, decidí darle una oportunidad... y, aunque no me ha entusiasmado, tampoco me arrepiento: funciona como un producto de entretenimiento fácil, correcto, vacío y rápido.
Siempre he tenido una relación bastante fría con el género romántico. Las comedias románticas suelen responder a una estructura demasiado reconocible: mismos ideales, mismos conflictos, mismas diferencias entre personajes que inevitablemente conducen al mismo tipo de conclusión. En ese sentido, esta película no rompe el molde. Es, en esencia, otra historia de amor con complicaciones, malentendidos y conflictos de intereses.
Aun así, hay elementos que consigue mantener esto a flote. El principal es la química entre sus protagonistas, Tom Blyth y Emily Bader. Ambos conforman una pareja medianamente creíble dentro de los límites de lo que se sugiere: dos personajes con formas distintas de ver el mundo, que se atraen, se divierten, discuten, se distancian y vuelven a encontrarse. Esa dinámica, repetida a lo largo de distintas etapas y viajes, da al guion una sensación de recorrido más amplio de lo que en realidad ofrece. Aunque muchas de sus anécdotas y situaciones se repiten en esencia, hay una cierta acumulación de momentos que aporta algo de densidad emocional.
Hay escenas que destacan. El baile en la discoteca, con Bader luciendo una peluca azul a lo Ana de Armas en 'Blade Runner 2049', y Blyth entregándose por completo a un momento casi ridículo pero genuino, es probablemente uno de los picos de la película: ahí sí hay vida, carisma y una conexión que llega a traspasar la pantalla. En cambio, otras secuencias, como la del campamento, resultan mucho más indiferentes, casi de relleno, sin aportar demasiado al desarrollo de la relación.
Lo bueno es que no es una película lenta; lo malo es que se me hace larga. Es la insistencia de girar sobre las mismas ideas y conflictos, repitiendo constantemente los mismos patrones emocionales hasta un punto agotador.
Al menos se disfruta desde su fotografía. Está bien trabajada. A nivel sonoro funciona tal como esperaba, aunque me sorprende que la música esté más o menos bien elegida, cosa que no sale bien en este tipo de cine. Hay personalidad visual.
Lo que siento después de verla es absoluta indiferencia. No me implico realmente en lo que se me cuenta. Todo es correcto, funcional, pero sin emociones fuertes. Se deja ver, entretiene sin exigencias y no deja huella. Cumple con lo prometido desde el inicio y poco más. No hay nada especialmente malo en ella, pero tampoco hay nada que me haga elevarla, cosa que es casi peor.