Cómo hacer una buena adaptación.
Me enfrento con expectativas vertiginosamente altas, de las que suelen jugar a la contra. Me intrigaba profundamente ver qué tipo de energía podía emanar la pareja femenina entre Sydney Sweeney y Amanda Seyfried. Con Amanda arrastro cierta distancia emocional por culpa de una mala experiencia en 'Jennifer's Body', aunque fue culpa de la película que me pareció semejante bodrio, no de la actriz. Y con Sydney me ocurre algo parecido. La había visto en 'Madame Web' y en 'Immaculate'. Me gustó profusamente en el segundo caso. Tanto, que me dio pena que se acabara. Mis esperanzas se ven limitadas en cuanto a actuaciones.
El verdadero miedo no erradica en los actores, sino en la adaptación y la fidelidad al libro. Reconozco que la obra literaria no me entusiasmó, pero sí que fue un rato agradable de lectura cuando la historia comenzó de verdad. Espero ver en pantalla los espacios que me he imaginado leyendo, los gestos, las atmósferas, los silencios, todo. Quiero reconocer escenas sin sentir que me las rompen. Voy preparado para un tremendo chasco. Para una mísera y desagradable traducción de la hoja a la imagen.
Ocurre algo poco frecuente: esta película no solo cumple con los requisitos mínimos, sino que sobrepasa el umbral de mis expectativas.
Resulta ser una adaptación sorprendentemente fiel y respetuosa, casi obsesiva por su fidelidad. Las escenas son todas las importantes y necesarias. Están colocadas de la manera estructural original. Los personajes son como los imagino. Los escenarios respiran casi el mismo aire que percibo leyendo. Existe esa incomodidad y calma que me transmite la historia. Incluso los diálogos, a veces son las mismas palabras.
Por supuesto, hay cambios, pero son tan menores que incluso podría no percatarme de ellos. Lo que sí es claro y evidente, es la última trayectoria. Es otra, casi completamente distinta. Comparten esencia, pero tienen distinta forma. Voy sabiendo que es diferente a consecuencia chivatazos, pero de manera efectiva, logra gustarme. Es un rumbo más cinematográfico, más intenso, más gráfico y agresivo. Se atreve a ir un poco más allá, añadiendo capas de tensión y dramatismo que me doy cuenta de que eran necesarias.
Tampoco es perfecto todo. Hay fallos de lógica interna que me sacan del contexto de la escena y casi rompen la experiencia, pero sé que en el fondo, son decisiones conscientes. Simplemente, están ejecutadas de manera tan planificada, que es evidente el guion que se sigue. La coreografía pesa más que la naturalidad.
Son imperfecciones menores dentro de un conjunto sólido, detalles que me incomodan como espectador, pero no erosionan el impacto general. Claro que el impacto que siento leyendo no existe del mismo modo que viendo la película, al igual que tampoco existe para mí el factor sorpresa. Pero incluso así, logra hacerme sentir un poco tenso, aunque solo sea un poco.
Amanda Seyfried es poderosa, intensa, grotesca cuando es necesario, atrevida y fuerte. Su presencia no incomoda; tampoco es vacía. La energía oscila a veces entre lo seductor y lo perturbador. Es un papel exigente y ella consigue personificarlo; Sydney Sweeney no está a la altura de su compañera, pero tampoco se diluye. Es correcto, funcional y simplemente está ahí. Me la creo, a secas; Brando Sklenar, quien juega en otra liga. Su personaje quiere incomodar, provocar, generar tensión constante. A veces es más caricaturesco que lo quiere representar y transmitir.
La cinematografía es inesperada. Yo sabía que me iba a gustar la fotografía, lo que no esperaba son los movimientos de cámara que tan bien funcionan. Agradable a la vista. Lo que queda en una puesta en escena correcta, que respira y construye una historia.
Termino con satisfacción, consciente de qué tipo de película es, pero que igualmente disfruto. Espero la segunda parte, pero esta vez, sin ilusiones.