Terror artesanal sin piedad
por Sara HerediaCuando se lanzó el tráiler de Posesión infernal: En llamas, nos dejó a todos con la boca abierta. Eran unos escasos 2 minutos y medio de un plano secuencia en el que una chica huye de los deadites por el salón de una casa. La acción inunda toda la imagen. Mientras ella se arrastra en el suelo, por detrás hay lanzamientos de sillas, seres volando y humanos siendo estrangulados. Dijimos “wow, esto no es una mera secuela más. Aquí hay algo”. Ahora que ya hemos podido ver el largometraje entero, lo confirmamos: hay algo realmente interesante.
La franquicia Evil Dead ha tenido una evolución que va del humor y sangre a chorros de las entregas de Bruce Campbell al mismo nivel de sangre pero con un tono mucho más serio de las últimas películas. Las entregas de Lee Cronin y Fede Álvarez, las dos anteriores a esta, añadieron violencia y crudeza al universo. Como vieron que funcionaba, siguieron por ese camino, pero en Posesión infernal: En llamas no hay piedad. Sébastien Vaniček, un director francés que venía de La plaga (Vermin), la cual destaca por un uso asfixiante del espacio texturizado y sucio, toma las riendas de la saga en su mejor momento y, no sólo sale airoso, sino que aporta una visión extrema y realista como no habíamos visto hasta ahora.
La acción pone en el centro a Alice -interpretada por Souheila Yacoub-, una joven que está atrapada en un matrimonio tóxico y con malos tratos. Tras una pelea, su marido muere en un accidente de coche, por lo que la familia de él la culpa de lo sucedido. La primera parte de la cinta es un asfixiante relato sobre el duelo, pero no desde el amor. La escena de la cena tras el entierro, cuando las deadites se manifiestan a través del padre, es aterradora no solo en el terreno demoniaco, también por lo que se dice en esa mesa.
Para cuando llega la acción -que no tarda mucho-, estamos tan acongojados que todo lo que sucede después es el doble de estremecedor. Como toda entrega de Evil Dead, En llamas es un cuerpo a cuerpo brutal donde hay todo tipo de escenas explícitas. Pero Vanicek es un director que deja huella y a lo largo de toda la cinta demuestra que estamos ante una pieza de artesanía. Hay una escena en el baño de la casa donde un deadite persigue a la protagonista por las paredes y el techo, en una secuencia que solo un artista podría haber llevado a cabo. El francés cuida cada efecto práctico y cada movimiento de cámara para que lo que estés viendo no parezca una película de Hollywood más.
En mitad de este caos de ultratumba está Souheila Yacoub, la protagonista a la que, os lo decimos desde ya, no tenemos que perder de vista. Souheila está impecable como 'scream queen' en este drama feroz que, más allá de todo el gore y brutalidad, contiene una buena base emocional en torno a sus personajes. Sus conflictos y personalidades quedan bien asentados en el primer acto, pero cuando llega la violencia no dejan de evolucionar.
El problema de En llamas llega con su final. Como ocurre con muchas películas, termina hasta en tres ocasiones -sin contar las escenas post-créditos-, lo que deja un sabor amargo después de un recorrido tan sólido.