Sony encesta un triple: humor, joya visual y NBA
por Sara HerediaVivimos grandes tiempos para la animación. Hemos sido testigos en los últimos años de cómo la tecnología permitía a los creadores abrir su mente y llevar la innovación y creatividad hasta lugares que nunca habíamos imaginado. La primera piedra -y la que rompió con todo- fue Spider-Man: un nuevo universo, estrenada en 2018. Bajo la dirección de Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman, la animación dio un vuelco al mimetizarse por completo con el lenguaje del cómic. Gracias al uso del CGI, integraron elementos como tramas de puntos, trazos manuales y bocadillos, transformando la pantalla en un lienzo en movimiento. Para lograr esa fluidez tan característica, sustituyeron el desenfoque convencional por la 'borrosidad de movimiento' y alternaron la cadencia de los fotogramas. El resultado es un festín visual de onomatopeyas, colores desdibujados y tipografías que saltan a la vista.
La primera vez que lo vimos nos quedamos con la boca abierta sin saber muy bien qué era lo que acababa de pasar. Ahora, casi 10 años después, queda claro que Spider-Man abrió un nuevo camino para el género que ha dado lugar a piezas como Los Mitchell contra las máquinas (2021), El gato con botas: el último deseo (2022), Ninja Turtles: Caos Mutante (2023) o, la más reciente, Las guerreras k-pop (2025). Todas han aparecido bajo el mismo estilo y son, además, grandes piezas de animación. Pues ahora tenemos que sumar una más.
Como era de esperar viniendo del sello de Sony Pictures Animation, Como cabras se suma a esta corriente visual tan característica. Si bien no busca reinventar la rueda ni proponer una revolución estética, la cinta cumple con creces su cometido de expandir este lenguaje visual contemporáneo. El resultado es una propuesta familiar muy sólida, cargada de referencias que los adultos disfrutarán tanto o más que los pequeños.
Sony Pictures Animation
Con la premisa de que "nunca se es demasiado pequeño para soñar a lo grande", la película nos presenta a Will Harris, una pequeña cabra que siempre ha soñado con convertirse en jugador de rugebol. Trata de compaginar su precario trabajo con las numerosas horas de entrenamiento que necesita y, aunque está en la quiebra económica, merece la pena el esfuerzo. Justo cuando su casero le echa de casa por no pagar el alquiler se hace viral un vídeo en el que juega al rugebol. La forma en la que planta cara a un animal que le saca tres cabezas llama la atención de la presidenta de Los Pinchos y le contrata en su equipo. Will tendrá que demostrar su valía entre rinocerontes, panteras y jirafas que, básicamente, se ríen de él.
Tras las cámaras encontramos a Tyree Dillihay, curtido en la televisión con éxitos como Bob's Burgers, y al codirector Adam Rosette (Robot Salvaje). El guion, firmado por los creadores de Fairfax (Aaron Buchsbaum y Teddy Riley), delata el origen de un equipo habituado al humor adulto y gamberro. Esta herencia se traduce en una película de doble lectura: mientras los gags físicos cautivan a los más pequeños, los diálogos afilados y el mensaje de superación resuenan con fuerza entre el público adulto.
Por un lado, Como cabras es una preciosa historia de superación en la que una pequeña cabra se abre camino en un terreno hostil y lleno de enemigos. Un relato que ensalza el valor del esfuerzo y no teme advertir que el camino hacia el éxito no siempre es amable. Por otro, lo que realmente es la película es una carta de amor al baloncesto. Gracias al asesoramiento de figuras como Stephen Curry y André Iguodala, la cinta se convierte en una delicia para los apasionados de este deporte. El metraje es un festín de referencias a la NBA: desde el icónico gesto 'night night' de Curry hasta la corona de LeBron James o las anécdotas legendarias de Michael Jordan.
Al final, con su ritmo ágil, su ingeniería visual y su amor al baloncesto, Como cabras es una película genuinamente divertida para los niños que, a su vez, resulta atractiva a los adultos.