Con la muerte en los talones
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Christian Martínez
Christian Martínez

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3,5
Publicada el 18 de agosto de 2026
Ernest Lehman y la importancia de un buen guion.

Existe un aire compartido innegable entre 'Con la muerte en los talones' y 'Vértigo'. Aunque la primera sea comedia de acción sofisticada y la segunda una tragedia oscura y obsesiva, ambas comparten la misma espina dorsal: la arquitectura de la manipulación orquestada. En ambos dramas, el protagonista sufre consecuencias similares originadas por distintas causas, cayendo enamorado de la misma figura que cumple el mismo propósito a diferente costa. Haber visto 'Vértigo' en primer lugar condiciona inevitablemente la experiencia, pues al conocer de antemano el engranaje con el que Hitchcock construye sus triquiñuelas, la ilusión pierde capacidad de sorpresa. Las tramas se perciben como películas mellizas que comparten el mismo oxígeno narrativo, llegando a saturar con una acumulación de intenciones que rompe el factor impacto y transforma lo que debería ser una revelación en la constatación de una fórmula ya conocida.

El trabajo de Cary Grant destaca por un uso brillante del lenguaje corporal que trasciende a la propia palabra. En una época donde la cultura de la gestualidad física contenida se ha ido perdiendo en favor de la sobreactuación, Grant ejercita un modernismo actoral impecable al expresar sin necesidad de caer en la exageración. Su forma de desplazarse por el espacio, de observar el entorno y de reaccionar ante el peligro dota a su personaje de una tipificación única. Al comparar su figura con la de James Stewart en la filmografía del director, se evidencia una dualidad clara: Stewart opera desde la palabra, el intelecto, la psicológica comedia y la búsqueda activa de respuestas, mientras que Grant se construye desde la elegancia física y el movimiento. Aunque en Grant se percibe de forma constante la mano del director dándole pautas, su dominio corporal es tan rotundo que logra convencer plenamente del ingenio de su personaje, manteniendo la compostura incluso cuando rueda por el suelo o huye en un escenario desértico.

Aunque los personajes no se me apetezcan los mejores de la filmografía de Hitchcock, la fotografía de la película sí se sitúa entre las decisiones estéticas más deslumbrantes del director, superando en forma visual a obras como 'La ventana indiscreta', 'Vértigo' o 'Sospecha', situándose a la altura del esplendor de 'Atormentada', el culmen que todavía no ha sido superado. El uso del Technicolor convierte la escala cromática en un verdadero goce visual, donde los trajes y los escenarios dialogan en armonía para endulzar la vista. Sin embargo, en esta búsqueda de simetría visual encuentro una grieta puntual en una de las secuencias iniciales relacionadas con coches. Mientras la cabina del vehículo y los trajes de Grant y del acompañante izquierdo se mueven en una paleta monocromática de grises, azulejos y verdosos fríos, el personaje de la derecha viste un tono rojizo que rompe la armonía del plano. Al situar un color tan cálido fuera del centro, la vista se desvía de forma innecesaria hacia un lateral, compitiendo con la luz de los rostros, que deberían ser el único punto focal cálido de la escena.

Y no solo es la vista la que tanto cuidado requiere. El oído también necesita su respeto. El tratamiento del sonido demuestra una comprensión profunda de la tensión dramática según la naturaleza del espacio. La célebre persecución de la avioneta se compone con el uso del silencio ambiental y el sonido diegético; Hitchcock no inserta música alguna para dejar únicamente el ruido blanco del desierto y el rugido de las aspas del motor. Al encontrarse en un espacio abierto donde nadie se detendrá a auxiliar al protagonista, la ausencia de banda sonora acentúa la claustrofobia y la soledad, evitando saturar el oído innecesariamente. Por el contrario, en la primera persecución en coche con Grant conduciendo ebrio —escena cuyos efectos han envejecido con evidente rigidez— la música de Bernard Herrmann resulta imprescindible. Dado que el oído humano está habituado al ruido cotidiano de los motores y los derrapes, la partitura es el único elemento capaz de introducir la sensación de peligro real y la distorsión subjetiva del personaje alcoholizado.

Los diálogos no se olvidan de ser agradables al oído. El guion de Ernest Lehman para las interacciones entre Cary Grant y Eve Marie Saint constituye uno de los diálogos más brillantes del cine clásico, caracterizado por un tono erótico explícito que nunca decae. A diferencia de la figura de Kim Novak en 'Vértigo', cuyo atractivo apelaba al romanticismo y a la fijación trágica del alma, el personaje de Eve Kendall encarna la sexualidad directa, y ese deseo de querer dignificar a su personaje con sentimentalismos no es suficiente para despojarla del propósito que debe cumplir. A ver, que a pesar del respeto que le otorga su fidelidad supuestamente legítima, el personaje no llega a desarrollar una personificación individual autónoma, funcionando como un engranaje o medio para el avance del héroe masculino, cuya figura tampoco cumple con el mayor individualismo. Su construcción dramática depende enteramente de los movimientos de la narrativa, lo que limita su fuerza actoral y mi implicación emocional en el tramo final.

Por todo ello, el tramo en el Monte Rushmore, diseñado para ser el pico de tensión de la película, se convierte en el segmento menos estimulante del metraje. Cuando la narrativa abandona el intercambio verbal, el duelo de ingenio y la intriga de las mentiras para centrarse en la persecución física pura por la piedra, la dinámica entre los personajes se extingue. El dinamismo espacial de la acción no logra compensar la pérdida del juego psicológico, y al volverse predecible la resolución del conflicto sin arriesgar hacia un desenlace más oscuro, la secuencia cae en un desarrollo puramente mecánico que desluce el brillo mostrado durante el resto del filme.
Martin Oaks
Martin Oaks

164 usuarios 223 críticas Sigue sus publicaciones

4,5
Publicada el 15 de junio de 2025
Hitchcock consiguió fusionar en esta cinta la mismísima esencia del suspense y la aventura. Con una dirección magistral, un guión ingenioso y unas actuaciones carismáticas, esta obra maestra es un ejemplo de cómo mantener al espectador adherido a su asiento de principio a fin, porque lo que le importaba de verdad a Hitchcock en sus obras de misterio eran las situaciones y la originalidad. Su lógica radicaba en hacer sufrir al espectador. Decía que “todo el arte del cine se basa en la identificación del público con los personajes (…) Por eso, muestre lo que muestre, siempre debe parecer verosímil.” El mago del suspense trataba siempre de jugar con sus espectadores, propiciando que el “héroe” fuera siempre un hombre normal con el que el público pudiera identificarse y sentir ansiedad.

Roger Thornhill (Cary Grant, uno de los actores fetiche de Hitchcock) es un elegante publicista de Madison Avenue que se ve envuelto accidentalmente en una red de espionaje internacional al ser confundido casualmente con un agente secreto. Esta premisa se convierte en el catalizador de una serie de eventos vertiginosos que lo llevan desde las bulliciosas calles de Nueva York hasta los emblemáticos monumentos de Estados Unidos, culminando en el icónico Monte Rushmore.

A Hitchcock le interesaba más el modo de contar una historia, con un estilo narrativo adecuado (montaje, movimientos de cámara…) que el argumento en sí. En “Con la muerte en los talones” construye cada giro de la trama de forma muy calculada pero, sobre todo, juega con las expectativas del público creando una tensión a partir de situaciones cotidianas y transformando lo ordinario en extraordinario. La famosa escena del campo de maíz, donde Thornhill es perseguido por una avioneta fumigadora, es un ejemplo brillante de cómo Hitchcock genera terror a plena luz del día y en un entorno aparentemente inofensivo, haciendo un uso magistral del movimiento de cámara, los planos contrapicados y los contra planos, que transmiten auténtica angustia en un espacio abierto.

El carisma natural y la elegancia innata de Cary Grant, junto a su habilidad para combinar el humor con la desesperación, lo convierten en el héroe ideal. Su interacción con Eva Marie Saint, quien interpreta a la enigmática y seductora Eve Kendall, es pura química. La ambigüedad de su personaje mantiene al espectador adivinando sus verdaderas intenciones, añadiendo otra capa de suspense a la narrativa. James Mason, como el villano Philip Vandamm, es la encarnación de la sofisticación fría y calculada, un antagonista memorable que bien podría haber inspirado al mismísimo Ian Fleming en sus obras posteriores de James Bond.
Adrianrom 1977
Adrianrom 1977

1.543 usuarios 590 críticas Sigue sus publicaciones

5,0
Publicada el 11 de julio de 2022
Siempre dicen que un artista repite siempre su obra de arte hasta que le salga perfecta, y aquí podemos ver un claro ejemplo de ello, Alfred Hitchcock durante toda su carrera se especializó en la misma trama: un hombre acusado de algo que no a hecho y que debe escapar, y aquí en este film consiguió la perfección en ese tipo de trama, y no solo eso si no que también le añadió su esencia de espionaje también perfeccionada.
Para mi este film define a Alfred Hitchcock en su máximo potencial narrativo y visual, por qué esa es otra la fotografía de este film me parece la mejor de toda su filmografia, con unos planos que dejan a cualquiera asombrado.
La trama narra la historia de Roger Thornhill (Cary Grant) un ejecutivo publicitario en Nueva York que siempre a tenido una vida normal pero un poco ajetreada, hasta que un día los secuestran tres hombres pensando que es un agente del gobierno y lo llevan a una mansión donde se aclara algunas cosas de la trama.
La película es una obra maestra absoluta, y aún así estando a meses de sacar su obra cumbre "Psicosis".
Esta fue la que sentó las bases de no solo la saga de James Bond si no de las peliculas de acción como las conocemos hoy en dia.
David Filme
David Filme

16.939 usuarios 270 críticas Sigue sus publicaciones

4,5
Publicada el 12 de noviembre de 2021
"Con La Muerte En Los Talones" es una obra emblemática y entretenida, dirigida por el legendario Alfred Hitchcock y protagonizada por Cary Grant. Roger Thornhill (Cary Grant) es secuestrado por unos individuos que lo confunden con un espía llamado George Kaplan, después de huir intentará descubrir quién es el verdadero Kaplan y porqué quieren matarlo. Hitchcock combina suspense habitual de sus obras con acción, drama, un breve romance y algo de comedia absurda. Cada cinta de Hitchcock nos deja alguna escena memorable de esas que son copiadas u homenajeadas en infinidad de películas, aquí asistimos al intento de asesinato de Thornhill con una avioneta fumigadora, son siete minutos de persecución entre los maizales sin diálogo y con una tensión que solo Hitchcock sabía plasmar en una pantalla. A parte del suspense también se dan cita algunas de las constantes del director, la madre obsesiva, la femme fatale rubia y unos cuantos planos picados. Otro rasgo que suele ser característico del británico es la inclusión en la trama de un falso culpable, un hombre normal y corriente que por un extraño azar se ve involucrado en una aventura en la que sufrirá la injusta acusación de haber cometido un delito. Esta característica viene siendo habitual en Hitchcock desde su época británica, en "39 Escalones", hasta las postrimerías de su carrera, como en "Frenesí".

No obstante, Cary Grant, se verá envuelto en una extraña y peligrosa trama de espionaje por culpa de una confusión nimia, de una casualidad que debería ser irrelevante. El resultado será una conjura para acabar con su vida mientras se ve metido en un peligroso juego de espías. Estructuralmente la película es una gigantesca huida hacia adelante que cada vez se va complicando más, con sicarios y femmes fatales. Es un ejemplo perfecto de cine de entretenimiento, de evasión pura y dura. Todo tiene un sentido lúdico y divertido que, sin embargo, no hay que confundir con banalidad. El filme tiene una puesta en escena cuidadísima, unos personajes carismáticos y momentos de cine portentosos y, como no podía ser de otro forma, tensos. Sin embargo, tiene una historia alambicada, inverosímil y no particularmente creíble. Algo también común en Hitchcock. Da igual, el británico convierte el argumento en una peripecia fascinante, seductora e interesante, gracias en buena medida a su capacidad para crear imágenes perdurables. Sería, por ejemplo, más verídico y eficaz despachar a Cary Grant de un tiro, pero sus adversarios prefieren usar un avión fumigador, un método extraño pero que nos proporciona una escena justamente célebre en la historia del cine.

Hitchcock va jugando sus cartas dejando que las veamos sin mayores reservas y es este conocimiento el que, precisamente, va construyendo un interesante suspenso, al tiempo que nos sentimos hondamente inmiscuidos en el difícil asedio de que está siendo víctima el confundido protagonista, quien pronto va a demostrar que sabe de supervivencia como el más avezado héroe. Suspenso, comedia, aventura, romance, intriga… Se entremezclan en dosis muy calculadas en un excelente guión de Ernest Lehman, al que el director consigue extraer toda su sustancia para brindarnos otro thriller en su mejor estilo, donde además, los picarescos y sutiles diálogos, más algunas situaciones deliciosamente resueltas, nos aseguran unas carcajadas harto relajantes. Inolvidable la escena en la tienda de subastas: magnífico ese primer encuentro de Roger e Eve en el camarote del tren, estupenda la tensión en aquella larga espera en la llanura, que muy hábilmente rompe con todos los clisés, y como olvidar aquel tren entrando al túnel para cerrar con broche de oro el encuentro definitivo. El metraje es considerablemente largo, pero nos mantiene entretenidos con situaciones que van añadiendo misterio y posteriormente aclarando, al tiempo que introduciendo sorpresas y giros. Además, se inserta dentro de una espectacular fotografía y una selección de escenarios francamente acertada por su director.

Las actuaciones son notables, Cary Grant poseía una capacidad de fascinación, de encanto personal, perfecta para seducir al espectador. Aquí interpreta a Roger Thornhill, un elegante publicista, encantador y levemente irónico. La cinta utiliza esa gracia para añadir encanto y diversión, creando un personaje que nos cae bien instintivamente. Hitchcock ya había contado con el actor británico en anteriores películas, pero con otro registro. Eva Marie Saint como Eve Kendall, borda un papel difícil por su ambigüedad, una actriz tremendamente infravalorada que realiza a la perfección su labor de mujer fatal. Y para finalizar, James Mason como Phillip Vandamm, construye un antagonista contenido y con estilo. Generalmente, aunque no siempre, en una película de intriga el protagonista y el espectador disponen de la misma información y cuando una circunstancia relevante ocurre, ambos reaccionan más o menos al unísono. La información se distribuye de forma más compleja. En ocasiones sabremos lo mismo que Grant, en otras sabremos más cosas que él y la tensión vendrá de “como reaccionará ante lo que le espera”, y en otras Grant sabrá más que nosotros y nos llevaremos una notable sorpresa. Todo este manejo del conocimiento mantiene la intriga durante todo el metraje.

En definitiva, una obra emblemática, modélica intriga de espionaje donde Alfred Hitchcock nos regala un magnífico entretenimiento sin renunciar a la excelencia cinematográfica. La trama está orquestada de tal forma que es capaz de captar la atención del espectador sin ninguna dificultad durante sus más de dos horas de duración. La puesta en escena incluye varias secuencias que son ya historia del cine. Es vibrante, divertida, intrigante y tiene detalles magistrales. La secuencia de Cary Grant esperando en una carretera solitaria y siendo atacado por la avioneta es, sencillamente, un prodigio de suspense. Puede ser, por otra parte, una apropiada introducción para cualquiera que desee entrar en el cine de Hitchcock.

FilmeClub.com
Manuel Da Silva
Manuel Da Silva

1 usuario 11 críticas Sigue sus publicaciones

5,0
Publicada el 9 de mayo de 2021
Un peliculón lleno de suspense cuyo protagonista encarna la inteligencia. Por sus diversas capacidades de análisis y de adaptación, Roger provoca varios giros de trama, lo que crea un suspense riquísimo. Me encantó.
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