Slither: La plaga
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decatur555
decatur555

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3,5
Publicada el 23 de septiembre de 2026
Hay películas que intentan dar miedo y otras que parecen disfrutar viendo hasta dónde pueden llevar el asco antes de que uno empiece a reírse. Slither: La plaga pertenece claramente al segundo grupo. Es viscosa, grotesca, exagerada y orgullosamente de serie B, pero detrás de toda esa mugre hay bastante más control del que parece. James Gunn entiende que el gore puede ser repulsivo y divertido al mismo tiempo, y construye una película que vive precisamente de ese equilibrio.

Lo primero que llama la atención al verla hoy es cuánto del Gunn posterior ya estaba aquí. El humor macarra, los personajes imperfectos pero simpáticos, la violencia convertida en gag, el cariño por los monstruos y esa costumbre de rodearse de actores que luego reaparecerían una y otra vez en su cine. Slither: La plaga parece casi un laboratorio donde Gunn estaba probando una personalidad que años después llevaría a producciones muchísimo mayores.

Michael Rooker es quizá el ejemplo más evidente. Tiene esa presencia física extraña que Gunn sabe utilizar tan bien: puede resultar amenazante, patético y hasta cómico con muy pocos gestos. Viéndolo aquí se entiende perfectamente por qué terminó convirtiéndose en uno de sus actores fetiche. Pero también está Nathan Fillion, otro rostro recurrente en su filmografía, con ese tono de héroe ligeramente torpe y socarrón que encaja de maravilla con el absurdo general.

Elizabeth Banks aporta el contrapunto necesario. Está guapísima, sí, pero además consigue mantener una cierta normalidad emocional dentro de una película que continuamente amenaza con convertirse en un festival de fluidos, deformaciones y criaturas repugnantes. Su presencia ayuda a que el conjunto no se vuelva solo una colección de efectos grotescos.

El body horror es probablemente lo que más define la experiencia. Gunn no busca que las transformaciones resulten elegantes ni siniestras de una manera sofisticada: quiere que den grima. Hay una fijación consciente por lo húmedo, lo pegajoso, lo hinchado y lo corporalmente incorrecto. Y ahí la película tiene personalidad, porque no es gore por el gore; existe una intención cómica muy clara detrás de casi todo. El “puaj” y la carcajada están constantemente pegados.

También funciona porque abraza sin complejos su condición de homenaje. Hay ecos del terror alienígena, del cine de invasiones, de las mutaciones corporales y de aquellas películas de videoclub que mezclaban monstruos, zombis y humor bruto sin preocuparse demasiado por la respetabilidad. Gunn no reinventa nada esencial, pero combina influencias con suficiente energía y sentido del ritmo como para que la película tenga identidad propia.

Eso sí, el humor no siempre entra igual. Hay momentos deliberadamente paletos y chistes muy de principios de los 2000 que hoy pueden sentirse algo toscos. El tono es tan excesivo que quien no conecte con esa mezcla de vulgaridad, casquería y absurdo probablemente se baje muy rápido. Slither: La plaga no intenta gustar a todo el mundo y, de hecho, buena parte de su encanto está en lo poco que le preocupa resultar fina.

Visualmente tiene además un encanto práctico que hoy se agradece. Las criaturas, prótesis, maquillajes y deformaciones poseen una materialidad que hace que el asco funcione mejor. No todo envejece de manera perfecta, pero precisamente esa textura física le da un carácter que muchas producciones posteriores, más limpias digitalmente, no consiguen reproducir.

La película tampoco necesita ser especialmente profunda para funcionar. Su ambición está en otra parte: ritmo, criaturas, humor negro y personajes capaces de sostener la locura. Nathan Fillion aporta carisma, Rooker se entrega completamente al juego y Banks consigue que haya algo emocionalmente reconocible en medio del caos. Esa combinación permite que la película sea más simpática de lo que sugeriría su cantidad de babas.

Me ha sorprendido sobre todo reconocer aquí tantas cosas que luego asociaría inmediatamente con James Gunn. No parece simplemente una rareza de sus comienzos, sino una declaración bastante clara de intereses: monstruos, marginales, humor desagradable, violencia juguetona y una extraña ternura escondida debajo de lo grotesco. Todo eso ya estaba aquí antes de los superhéroes y de los presupuestos gigantescos.

Slither: La plaga no es refinada ni pretende serlo. Es una comedia de terror asquerosa, gamberra y muy consciente de sus referentes. A ratos puede pasarse de viscosidad y su humor tiene altibajos, pero mantiene energía, personalidad y un reparto que entiende perfectamente el juego. Una de esas películas que te hacen pensar “qué guarrada” mientras sigues mirando con una sonrisa. Y viéndola tantos años después, además, resulta muy divertido descubrir en ella el ADN completo del James Gunn que vendría después.
cine
Un visitante
4,0
Publicada el 19 de junio de 2020
no puedo ver la pelicula
y supuestamente me tenia que registrar para poder verla pero no puedo y eso me da mucha rabia
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