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    La Momia
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    Mario Filloy
    Mario Filloy

    Sigue sus publicaciones 3 usuarios Lee sus 4 críticas

    3,0
    Publicada el 28 de julio de 2017
    Una buena historia estropeada por el mediocre guión y por las horribles actuaciones de los años 30...
    Lo mejor, el poster y Boris Karloff.
    David Filme
    David Filme

    Sigue sus publicaciones 11.684 usuarios Lee sus 246 críticas

    3,0
    Publicada el 5 de febrero de 2022
    "La Momia" es un entretenido e interesante clásico perteneciente al ciclo de monstruos de la Universal, dirigido por Karl Freund y protagonizado por Boris Karloff. Luego del enorme éxito de los eternos clásicos "Drácula" (1931) de Tod Browning y "Frankenstein" (1931) de James Whale, Universal Pictures se abocará en la realización de un nuevo film de terror, sin embargo, esta vez lo hará a partir de un guión original, es decir, sin algún antecedente literario. El encargado será John L. Balderston, uno de los guionistas de la exitosa obra teatral "Drácula (1927), quien aprovechará el creciente interés del público por los descubrimientos arqueológicos en Egipto, en concreto el descubrimiento de la tumba del faraón Tutankamón por Howard Carter y Lord Carnavon en 1922, y su supuesta maldición, para traer esta interesante tragedia romántica de terror. El director escogido sería el prestigioso y legendario fotógrafo austrohúngaro Karl Freund, responsable visual de grandes clásicos del Expresionismo Alemán como "Der Golem" (1920) de Paul Wegener, "Der Letzte Mann" (1924) de F.W. Murnau y "Metrópolis" (1927) de Fritz Lang, quien debutaría en la silla de dirección con este film y lograría cierto equilibrio en el guión, entre originalidad y referencia narrativa. De esta forma, se puede observar una historia original de tragedia romántica, como ya indiqué, en donde el amor funciona como motor narrativo para justificar el terror, con el sumo sacerdote Imhotep siendo condenado a ser enterrado vivo por robar un manuscrito sagrado para resucitar a su amada recién muerta, Ankhesenamon, y volviendo de la muerte en el siglo XX para completar su objetivo.

    En cierta medida, se podría incluso decir que se trata de un thriller sobrenatural más que de una película de terror, por sus elementos narrativos asociados al misterio y el drama, aunque bien vale la pena señalar que Freund nunca renuncia a asociar a su film, con los recientes éxitos del ciclo de monstruos en plena reactivación, "Drácula" (1931) y "Frankenstein" (1931). Ello se reflejará, por ejemplo, en el hecho de que al igual que en "Drácula" (1931) el espectador se encuentre con un monstruo disfrazado de hombre con maneras aristocráticas, cuyo objetivo es secuestrar y poseer a la heroína de turno para conseguir un objetivo aún mayor, la reencarnación de su amada. De la misma forma, pero compartiendo tanto con "Drácula" (1931) como con "Frankenstein" (1931), está el hecho de que también en "The Mummy" (1932) tendremos un binomio conformado por el científico y el galán interesado (que en este filme resalta más que su faceta de arqueólogo) en proteger a la chica que se ha convertido en la obsesión del monstruo (el vampiro, el monstruo y la momia), y que unirán esfuerzos para destruirlo, por el bien propio, el de la ciencia y el de toda la humanidad. Otro rasgo narrativo que comparten "Frankenstein" (1931) y "The Mummy" (1932) es la premisa de científicos que van más allá de los límites morales de la ciencia, el primero que desafía la muerte creando un monstruo de partes humanas y el segundo en que se desata una maldición milenaria considerada una leyenda burda sin sustento histórico y científico. En cualquiera de los dos casos, está claro que hay cierto mensaje moral acerca de la arrogancia de los científicos sobre su poder de análisis y control sobre todo tipo de fenómenos, tengan éstos o no explicación.

    Otro elemento que también es digno de destacarse, es el hecho bastante atípico, no sólo para aquellos años sino en décadas posteriores, de que Helen logre finalmente salvarse a sí misma al invocar a la diosa Isis en el preciso momento en que Imhotep planeaba sacrificarla, sin la intervención directa del Dr. Müller y su interés amoroso Frank Whemple. No deja de ser interesante y ciertamente destacable, considerando la época en que se filmó la película y los alcances narrativos e ideológicos de este hecho, que se da en gran medida gracias a cierta libertad narrativa que había por aquellos años, y que terminaría abruptamente con la aparición del Código Hays. Por otra parte, Freund logra diferenciar a la cinta de sus antecesoras, presentando la historia en una ambientación exótica y llamativa para el grueso del público (Estados Unidos y Europa), alejándose de las distintivas atmósferas góticas de los clásicos de Browning y Whale. Además, consigue darle una estética bastante menos teatral y más elaborada en términos de fotografía, en donde destaca el uso de otros recursos como los segmentos oníricos del pasado en donde se explica por qué y cómo Imhotep es condenado a ser enterrado vivo y del por qué de su obsesión con ella, además de las logradas escenas en el museo en donde Ardath Bey ya planea sacrificar a Helen para convertirla en momia y su pareja en la eternidad. Cabe señalar que hay constancia de que Freund grabó otras escenas pertenecientes al segmento del pasado en que se explica la ejecución de Imhotep y que no fueran incluidas, y en las que se podía ver las reencarnaciones de la pareja egipcia a lo largo de la historia, en la época romana, en el Medievo y otras.

    A pesar de que el director prefiere exponer al personaje Imhotep en su "versión humana", por una cuestión de desarrollo de trama (el espectador sabe que Ardath Bey es Imhotep, pero acepta el desafío de esperar que éste se muestre como tal), bien vale la pena mencionar el trabajo de maquillaje del enorme y legendario Jack P. Pierce, el genio detrás de las icónicas referencias visuales de "Frankenstein" (1931), "The Bride Of Frankenstein" (1935) y "The Wolf Man" (1941), entre algunos títulos. Pierce crea un modelo icónico elaborado a partir de algodón, colodión y cola de maquillaje en el rostro y arcilla en el cabello de Karloff, envolviéndolo en vendas de lino tratadas con ácido y quemadas en un horno, trabajo que tardaba 4 horas diarias y 2 más de retiro. A pesar de todo este trabajo, la única escena en que se puede apreciar esta labor es el prólogo, cuando Freund enfoca el rostro de la momia, para mover la cámara hacia su mano para detectar el movimiento, y finalmente las vendas arrastrándose hasta la penumbra ante su salida de la tumba. El film está rodado en California-USA (Desierto de Mojave, Red Rock Canyon State Park y Rocky Buttes para recrear el desierto egipcio), y con interiores creados (en Universal Studios en Los Ángeles) por la dirección artística de Willy Pogany, destacando las estancias marcadamente étnicas y los templos, esto bajo la cinematografía de Charles J. Stumar, sobresaliendo el modo de filmar los ojos de Boris Karloff, funcional en resto de tomas, con mucho fuera de campo.

    Las actuaciones son bastante efectivas, comenzando por el trío conformado por Boris Karloff, Zita Johann y Edward Van Sloan. El legendario actor británico nuevamente demuestra tener una enorme presencia escénica, interpretando esta vez a un personaje tan siniestro como trágico, a diferencia del monstruo de Frankenstein, en donde dio vida de gran forma a la ingenua, pero abominable criatura hecha de partes humanas. No es de extrañar que Freund aproveche ello para dar cuenta del personaje cuando Karloff se encuentra sin maquillaje, en lugar de hacerlo cuando se encontraba caracterizado como la Momia, por ejemplo, cuando enfoca su impertérrito rostro y su penetrante mirada hipnótica a sus víctimas. Zita Johann, por su parte, tiene una buena performance para un personaje atípico de su tiempo, personificando una mujer fuerte, Helen Grosvenor, que termina decidiendo y salvando su propio destino. Edward Van Sloan cumple con su interpretación del profesor Müller, un tipo de personaje que como ya sabemos Van Sloan desempeñó con bastante eficiencia en varias entregas del ciclo de monstruos de la Universal. Por su parte, Arthur Byron y David Manners interpretan a los arqueólogos Joseph y Frank Whemple, que descubren el Pergamino de Toth y la momia de Imhotep (Joseph) y la momia de Ankhesenamon, aunque éste último imponga más bien su faceta de galán que de científico.

    En definitiva, entretenido e interesante clásico perteneciente al ciclo de monstruos de la Universal, fue una de las primeras películas de la época sonora en tener banda sonora, estando a cargo de James Dietrich. Dietrich privilegia las cuerdas agudas y bajas para construir un ambiente de suspenso y misterio in crescendo. Un clásico indispensable de la cinematografía de terror, que no impacta en demasía hoy día pero que se ve con interés, y que ingresa dentro de las cintas que sentaron bases sobre la plasmación en el celuloide de los más afamados mitos del horror.

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