Se deja ver, eso sí. Como miniserie de catástrofes cumple bastante bien con lo básico: tensión, cuenta atrás, efectos llamativos y esa sensación de que todo puede saltar por los aires en cualquier momento. En cuatro episodios entra rápido, no se eterniza y sabe mantener el impulso para que quieras seguir con el siguiente.
El problema es que, cuanto más intentas tomártela en serio, más cuesta comprarla. Hay decisiones, reacciones y situaciones que se sienten muy forzadas, como si el guion estuviera más pendiente de empujar el espectáculo que de sostener una mínima credibilidad. Y eso, en una historia así, termina pesando bastante.
Visualmente tiene momentos conseguidos. El volcán, el caos, la amenaza natural y algunos efectos están bastante bien resueltos, y ahí está buena parte de su fuerza. Cuando se centra en el desastre y en la tensión inmediata, funciona mejor que cuando intenta venderte el drama humano como algo profundo.
También ayuda que no abuse demasiado del melodrama, al menos comparada con otras producciones parecidas. Va bastante al grano y no se recrea en exceso. Pero aun así, no me he terminado de creer casi nada de lo que pasa, y eso hace que la implicación emocional se quede bastante a medias.
Al final, me ha parecido una serie entretenida, de esas que ves sin exigir demasiado y que te pueden funcionar si aceptas desde el principio que la lógica va a quedar bastante tocada. Pero cuanto más la piensas, más se le ven las costuras, y eso le resta bastante valor.
En conjunto, me ha entretenido más por el componente de catástrofe que por la historia en sí. A ratos es muy inverosímil y bastante torpe en lo dramático, así que se puede ver, sí, pero tampoco da para mucho más