El huracán Katrina fue más que una catástrofe natural: mostró una tragedia profundamente humana. La respuesta al desastre dejó al descubierto las desigualdades raciales y sociales en Estados Unidos, desmintiendo la idea de que la tormenta afectó a todos por igual.
Las comunidades negras y pobres fueron las más perjudicadas, mostrando cómo el racismo estructural agravó las consecuencias del desastre y evidenció la falta de equidad en la ayuda y la reconstrucción.