El Centro es una de esas series que demuestra que el thriller español vive un momento de madurez. Lejos de los clichés del género, apuesta por una historia de espías realista, sin artificios, que prefiere el silencio, la mirada o la duda antes que la acción gratuita. Lo más interesante no es tanto la trama de espionaje en sí, sino cómo retrata las lealtades, las mentiras y el precio personal de quienes viven ocultos entre sombras.
Juan Diego Botto está magnífico. Con muy poco gesto transmite cansancio, tensión y humanidad a partes iguales. A su lado, Clara Segura ofrece una interpretación sobria y contenida que equilibra la serie y le da ese toque emocional que el guion necesitaba. Ambos se entienden con una química silenciosa, de las que no necesitan palabras para funcionar.
La serie arranca con calma, pidiendo al espectador que preste atención y se familiarice con el complejo engranaje del CNI, pero una vez dentro, la recompensa es grande. Su ritmo pausado se convierte en una virtud: cada escena está cargada de intención, cada diálogo deja algo en el aire.
Visualmente, El Centro mantiene una estética fría y contenida, de pasillos grises y despachos en penumbra, donde la tensión parece respirarse. No busca el impacto visual, sino el realismo, y en eso acierta plenamente.
David Moreno firma una ficción adulta, densa y elegante, que combina acción e introspección con equilibrio. Una serie que no busca sorprenderte con giros imposibles, sino atraparte con la sensación de estar viendo algo real. Y lo logra.