Con un estilo en el que predomina la acción por encima de las reflexiones sobre por qué el fascismo radical está volviendo a nuestras vidas, 'Salvador' es un entretenimiento competente gracias al estilo visual de Calparsoro.
Gabilondo hablaba de las consecuencias del trauma, del causado por el terrorismo capaz de destrozar amistades de toda la vida, o de la adicción que arrasa a quien la sufre como un fuego que lo incendia todo.
Salvador' también habla de huellas difíciles de borrar. Las de un padre arrepentido y las que podrían dejar, en un futuro que ya está aquí, la radicalización que estamos sufriendo en este, nuestro jodido mundo.
Concretamente, las del auge de la ultraderecha y de unos jóvenes ultras que, como bien dice el protagonista, (un inmenso, como siempre, Luis Tosar), necesitan culpar al diferente, al pobre o al más débil de sus desgracias.
Salvador (o Salva, como lo llaman sus íntimos) es un sanitario que recorre la ciudad salvando vidas en una ambulancia. Pero nadie es perfecto y, como revela la primera secuencia y su propia voz en off, también tiene un pasado del que avergonzarse.
El alcoholismo y la ludopatía, una combinación mortal, fueron los causantes de que abandonase a su mujer y a Milena, una hija a la que descubre, con asombro, entre el grupo de ultras que le acaban de pegar una paliza a un árabe al grito de "¡No te entiendo, moro!" en una secuencia especialmente
Cuando tenga lugar la pérdida de esa hija, durante una reyerta entre esos neonazis que se hacen llamar White Souls y la policía, su vida cambiará por completo. A partir de ese momento, su objetivo será descubrir quién mató a Milena mientras trata de conservar la cordura, solucionar las culpas de un pasado no resuelto y desmontar los tejemanejes de una organización que proclama la violencia extrema y el odio al diferente como forma de vida.
En ese grupo se encuentra Julia (Claudia Salas), una madre joven que tiene más que ver con Salvador de lo que parece en principio. "No tenéis un puto duro, no podéis compraros una casa, os estamos dejando un mundo de mierda(...) La solución no es echarle la culpa a otros que son más débiles que tú" le dice el sanitario a la chica en uno de los capítulos.
Un diálogo obvio que también es un ejemplo de que, por encima de cualquier teorización sobre el preocupante auge del fascismo entre los más pipiolos, alimentado por los debates basura en televisión, las redes sociales y los políticos irresponsables que solo piensan en el beneficio a corto plazo, está el entretenimiento.
A través de la investigación policial o de la incursión de topos entre esos 'White Souls', 'Salvador' toca todas vertientes del problema, desde las familias que lo sufren ("yo no te eduqué así", le dice Tosar a su hija en el primer capítulo) a la policía deshonesta que se beneficia de esas jóvenes almas radicalizadas.
Con un estilo en el que predomina la acción por encima de las reflexiones sobre por qué el fascismo radical está volviendo a nuestras vidas, 'Salvador' es un entretenimiento competente gracias al estilo visual de Calparsoro
A Aitor Gabilondo le debemos algunas de las joyas televisivas de los últimos años. Sobre todo dos de ellas: 'Patria', modélica adaptación de esa novela superventas de Fernando Aramburu que todos estábamos leyendo hace casi una década (el tiempo vuela, amigos) y 'Yo, Adicto', de la que fue cocreador junto a su principal artífice, Javier Giner.
En ambos casos, Gabilondo hablaba de las consecuencias del trauma, del causado por el terrorismo capaz de destrozar amistades de toda la vida, o de la adicción que arrasa a quien la sufre como un fuego que lo incendia todo.
'Salvador' también habla de huellas difíciles de borrar. Las de un padre arrepentido y las que podrían dejar, en un futuro que ya está aquí, la radicalización que estamos sufriendo en este, nuestro jodido mundo.
Concretamente, las del auge de la ultraderecha y de unos jóvenes ultras que, como bien dice el protagonista, (un inmenso, como siempre, Luis Tosar), necesitan culpar al diferente, al pobre o al más débil de sus desgracias.