Buscar un vaso de agua en el desierto.
'Stranger Things' cierra su recorrido con un final que, lejos de golpear, se desliza. Tras cinco temporadas construyendo un universo emocionalmente potente, con personajes extremadamente reconocibles y carismáticos y un imaginario muy bien asentado, el desenlace se siente extrañamente tibio. No es un mal final en términos de coherencia o estructura, pero sí uno profundamente indiferente. Y eso, en una serie que ha jugado tanto con la intensidad, el peligro y la emoción, resulta casi más decepcionante que un error evidente.
El problema no es lo que se cuenta, sino cómo. El tramo final se extiende durante dos horas para ofrecer un cierre que se percibe ligero, superficial y poco incisivo. Una sensación constante de estancamiento, de ocupar tiempo sin generar verdadero impacto. Se percibe la intención épica, de gran despedida, de catarsis colectiva, pero no conecto como espectador. Falta peso. Falta nervio. Falta ese punto de incomodad emocional que te aprieta el estómago y te recuerda por qué te importaba esta historia. De sus dos horas de metraje, la primera me sobra por completo. Cuenta cosas, pero se me hacen tan indiferentes como inexistentes a efectos prácticos.
Existe la idea del peligro inminente, con la amenaza respirando en la nuca, con la muerte rondando, pero todo se percibe demasiado controlado, demasiado limpio, casi coreografiado. Existe también la tensión, pero una previsible que no funciona, sin capacidad de desestabilizar.
Los hilos se atan. La lógica interna se respeta. No hay incoherencias. Pero es un cierre final débil. Una acumulación de conflictos, traumas y vínculos que se deshace poco a poco hasta no dejar ni rastro. En una serie tan apoyada en la empatía del espectador, eso es un fallo importante.
Se agarran muy fuerte al éxito de 'Running Up That Hill' y no han querido soltarse. En su momento fue un acierto, pero acaba siendo explotado hasta el agotamiento. La reiteración vacía de impacto lo que antes tenía fuerza, convirtiendo lo icónico en ruido.
La puesta en escena y el diseño de producción están bien a nivel general, aunque es innegable la sensación de estar viendo una película de Marvel con toda esa escenografía, todo el CGI y la caracterización de personajes. No es molesto ni feo, pero sí disuelve la sensación de intimidad y personalidad que ofrecía la serie en sus primeras etapas.
No es un final desastroso. No es un fracaso. Pero sí deja una espina. No por terminar, sino por cómo termina. Estoy seguro de que había margen para algo más valiente, más doloroso y honesto. Algo rompedor. Algo incómodo. En lugar de eso, queda en una despedida y nada más.
La echaré de menos indiscutiblemente. Pero siempre pensaré que ha sido una oportunidad desaprovechada. De haber recorrido un camino largo, intenso y prometedor... para beber un último sorbo que no quita la sed que provocan.