Me ha parecido una serie muy buena, pero también una de esas que te exigen bastante como espectador. Si no entras en su juego desde el principio, puede hacerse complicada e incluso caótica. No es una serie para ver distraído ni para dejar de fondo, porque como desconectes un minuto es fácil perder el hilo.
Precisamente ahí está una de sus mayores virtudes. La forma en la que cuenta la historia está totalmente ligada a la mente del protagonista, y eso hace que la serie no solo hable de confusión, miedo o fractura mental, sino que te meta dentro de todo eso. A veces casi parece que no estás viendo una trama, sino una experiencia.
Visualmente es una barbaridad. Tiene ideas, riesgo y una personalidad tremenda. Hay escenas, imágenes y decisiones de puesta en escena que no se parecen a casi nada dentro del género de superhéroes, y eso le da un valor enorme. Puede ser excesiva, sí, pero nunca da la impresión de estar hecha con piloto automático.
También me gusta que no se conforme con ser “la serie rara de Marvel”. Debajo de toda esa locura formal hay una historia bastante oscura sobre identidad, poder, trauma y percepción. Otra cosa es que no siempre sea fácil seguirla, pero desde luego no se puede decir que juegue sobre seguro.
Es verdad que no creo que sea para todo el mundo. Hay momentos en los que se pasa de abstracta o de caprichosa, y entiendo perfectamente que a algunos les saque por completo. Pero cuando funciona, lo hace de una forma muy especial, porque mezcla ambición visual con algo bastante inquietante y emocional.
En conjunto, me parece una de las series más atrevidas y singulares que ha dado este tipo de ficción. No siempre es fácil, no siempre es cómoda, pero precisamente por eso me parece tan buena. Si entras, te atrapa de verdad.