The Rookie me ha gustado mucho. Es una serie muy entretenida, muy bien hecha dentro de su formato y con una capacidad bastante rara para mantenerse agradable incluso cuando entra en terrenos que ya hemos visto muchas veces en otras series de policías. Parte de una premisa simpática y eficaz, la del novato tardío, pero lo bueno es que no se queda solo en el truco inicial. Sabe construir un mundo reconocible, dar espacio a sus personajes y encontrar un equilibrio bastante sólido entre acción, humor, compañerismo y drama.
Gran parte de eso funciona gracias a Nathan Fillion. Tiene carisma de sobra para sostener una serie así y para hacer que Nolan resulte cercano sin volverse pesado ni excesivamente ejemplar. Pero lo mejor es que la serie no vive solo de él. Hay un reparto coral que funciona bien, con química, con energía y con personajes que, aunque a veces respondan a patrones bastante claros, consiguen tener vida propia dentro del conjunto. Se nota que está pensada para que el espectador quiera volver cada semana a pasar tiempo con ellos.
Además, la serie está muy bien llevada en ritmo. Los episodios entran fáciles, suelen moverse con agilidad y casi siempre encuentran una forma eficaz de mezclar caso de la semana, evolución de personajes y tensión emocional sin que todo parezca una cadena de trámites. No es una revolución del género, claro que no, pero sabe muy bien cómo hacer televisión comercial bien engrasada, y eso no es tan fácil como parece.
También me gusta que, dentro de su tono ligero, no renuncie del todo a tocar cuestiones más incómodas relacionadas con la policía, el abuso de poder, el racismo institucional o la imagen pública del cuerpo. A veces lo hace mejor y otras peor, pero por lo menos intenta que la serie no sea solo una fantasía blanca de policías simpáticos resolviéndolo todo sin fricción. Y eso, en una serie tan claramente orientada al entretenimiento, le da un poco más de cuerpo.
Otra cosa distinta es el ruido que generan ciertos sectores obsesionados con llamar “woke” a cualquier serie en la que haya mujeres con peso, personajes racializados o personajes LGTBIQ+. Ese tipo de ataque me interesa poco como crítica real, porque muchas veces no nace de analizar la serie, sino de un rechazo automático a ver en pantalla un reparto más diverso o unas sensibilidades que no encajan con sus prejuicios. Se puede criticar la serie por inverosímil, por repetitiva o por edulcorada en algunos momentos, pero reducirla a ese discurso de agravio identitario me parece bastante pobre.
Eso sí, tampoco diría que The Rookie sea intocable. Tiene episodios más flojos, giros a veces inverosímiles y momentos en los que abraza un tono casi de aventura imposible que te saca un poco. Pero, sinceramente, forma parte de su fórmula. Es una serie que quiere entretener, caer bien y mantenerte enganchado, y en eso funciona. No será The Wire, ni falta que le hace.
Al final, The Rookie me parece una serie muy disfrutable, eficaz y con bastante más encanto del que algunos le conceden. Está bien escrita dentro de su terreno, bien interpretada y muy bien medida como entretenimiento televisivo. Y eso, a veces, vale mucho más que la pose de importancia de otras series que prometen prestigio y luego no dejan nada.