Mayor of Kingstown me parece una serie magnífica y claramente infravalorada por parte de una parte de la crítica. Entiendo que su oscuridad, su dureza y su visión tan seca del poder y la violencia puedan echar atrás a algunos, pero precisamente ahí está gran parte de su fuerza. No intenta caer simpática ni suavizar su mundo, y por eso impacta tanto. Desde el principio da la sensación de estar mostrando una ciudad podrida desde dentro, donde todo se sostiene a base de pactos, miedo, corrupción y dolor acumulado.
Lo mejor es que no depende solo de su violencia ni de su sordidez. Está muy bien escrita, muy bien dirigida y muy bien construida como universo. Los guiones entienden que lo importante no es solo lo que ocurre, sino cómo se relacionan entre sí todos los focos de poder: cárceles, policía, bandas, familias, política local, negocios sucios. La serie tiene esa capacidad de hacerte sentir que toda la ciudad es un organismo enfermo en el que cada movimiento afecta al resto. Ahí es donde recuerda, salvando las distancias, a grandes series como The Wire, Los Soprano o Breaking Bad: no por parecerse de forma directa, sino por la solidez del mundo que crea.
Jeremy Renner está inmenso. Sostiene la serie con una mezcla de agotamiento, dureza, inteligencia y fragilidad que hace que Mike McLusky funcione como eje absoluto de todo. Pero lo mejor es que no está solo. El nivel de las interpretaciones en general es altísimo, y eso hace que incluso personajes secundarios o tramas laterales tengan peso de verdad. Aquí no da la sensación de que nadie esté de adorno. Todo el reparto contribuye a esa idea de una comunidad atrapada en una lógica de violencia de la que nadie sale limpio.
También me parece una serie potentísima a nivel formal. La dirección tiene pulso, la fotografía está muy cuidada y sabe encontrar belleza fría en medio de un paisaje moral devastado, y la producción y el diseño ayudan muchísimo a construir ese ambiente opresivo. Todo parece vivido, gastado, contaminado. Y la banda sonora es una barbaridad: no solo acompaña, sino que añade inquietud, amenaza y una especie de tristeza constante que se te mete dentro. En muchos momentos da miedo de verdad.
Es cierto que no es una serie amable, ni especialmente variada en su tono, ni busca ser brillante de una forma vistosa. Siempre está al borde del abismo y a veces puede parecer excesivamente sombría. Pero para mí esa coherencia es una virtud, no un defecto. No está hecha para gustar a todo el mundo, sino para meterte en una espiral de tensión moral, violencia estructural y personajes condenados a negociar con el infierno cada día.
Por eso me parece una maravilla y una de esas series que nadie debería perderse. Puede que no tenga el prestigio automático de otros grandes dramas criminales, pero se lo merece. Tiene actorazos, creación de mundo, dirección, atmósfera y una personalidad muy marcada. No será para todos, pero quien entre en su juego va a encontrar una serie durísima, absorbente y de muchísimo nivel.