Star Trek: La nueva generación
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..PICARD..
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Crítica de la serie
5,0
Publicada el 7 de junio de 2020
La biblia del universo "Star trek". Después vendria "Espacio profundo", "Enterprise", y las actualizadas "Discovery" y "Picard". (Aunque TODAS ellas para mí, desde la primera a la última). Por cierto, que si alguien lee este comentario deducirá muy claramente a quién usurpé el seudónimo que en esta página -y en otras- uttilizo. .MATRÍCULA DE HONOR. ..PICARD..
cine
Un visitante
Crítica de la serie
5,0
Publicada el 30 de marzo de 2015
Simple: Si decís: "Me gusta la ciencia ficción, pero no me gusta Star Trek: The Next Generation", entonces, NO te gusta la ciencia ficción.

Obra maestra.

Recomendaciones de capítulos: "The Offspring", "The Inner Light", "First Contact", "Who Watch the watchers?"

Eso sí, la primer temporada e
cine
Un visitante
Crítica de la serie
5,0
Publicada el 29 de noviembre de 2010
Star Treck mantuvo la alta calidad que se merece con los nuevos protagonistas que siempre ha tenido.Destaco además la imaginación del guionista. La considero una serie única
cine
Un visitante
Crítica de la serie
4,5
Publicada el 9 de diciembre de 2013
Comenzó con la incógnita de lograr el éxito a la sombra de la serie original, la emblemática TOS de los 60s, sin embargo adquirió notoriedad por merito propio, comenzó un tanto floja, pero a medida que fue pasando el tiempo se lograron consolidar como un gran espacio televisivo, en esta saga se desarrollaron los capítulos más memorables de toda la franquicia, para algunos es considerada la serie mas completa de todas, ganando el derecho junto con el elenco de la original de rodar también en el cine. Es una serie más filosófica que de ciencia ficción, para mi, la serie mejor diseñada de las sagas de Star Trek.
decatur555
decatur555

1 usuario 288 críticas Sigue sus publicaciones

Crítica de la serie
5,0
Publicada el 7 de enero de 2026
Hablar de Star Trek: The Next Generation no es hablar solo de una serie. Es hablar de una forma de entender el mundo. De una idea de futuro que no se apoya en la fuerza ni en el miedo, y mucho menos en la humillación del otro. Aquí todo va por otro camino: pensar antes de actuar, ponerse en el lugar del que tienes delante y asumir que cada decisión, incluso la correcta, tiene un peso moral.

Desde el primer momento, TNG deja claro que no quiere deslumbrar ni ir a lo fácil. No busca fuegos artificiales ni golpes de efecto. Quiere pensar. Y quiere que tú pienses con ella. No hay prisas ni necesidad de levantar la voz. No hace falta subrayar emociones porque todo se construye desde el diálogo, desde la duda y desde esas preguntas incómodas que, muchas veces, no tienen una respuesta limpia.

Aquí la acción no es disparar primero. La acción es decidir. Decidir bien. Decidir mal. Y cargar con las consecuencias. En un mundo televisivo cada vez más obsesionado con el impacto inmediato, TNG se permite algo casi revolucionario: confiar en la inteligencia del espectador.

Jean-Luc Picard no es un héroe al uso. No impone, no arrasa, no humilla. Lidera escuchando. Lidera pensando. Lidera aceptando que a veces no hay una solución perfecta. Y eso, hoy, resulta casi subversivo. Su autoridad no nace del miedo, sino del respeto. Y el respeto, en esta serie, se gana con principios.

Lo fascinante es que todo lo que hoy algunos llaman “woke” ya estaba aquí. Solo que entonces no hacía falta gritarlo. Se hablaba de racismo, de autoritarismo, de colonialismo, de identidad, de derechos individuales, de género, de diversidad cultural… pero se hacía con elegancia, sin consignas, sin pancartas. Se hacía desde el conflicto ético, no desde el sermón.

TNG no te dice qué pensar. Te pone delante de una situación moralmente compleja y te deja solo con ella. ¿Qué es una vida? ¿Qué es una persona? ¿Qué derechos tiene alguien que no encaja en nuestras categorías? ¿Hasta dónde llega la obediencia? ¿Cuándo una ley deja de ser justa?

Ahí es donde entra Data, uno de los personajes más brillantes jamás escritos para televisión. A través de alguien que no es humano, la serie explora la humanidad mejor que casi ninguna otra. Sus episodios no son sobre tecnología, son sobre dignidad. Sobre si los derechos se conceden o se reconocen.

Y luego está la Federación. Ese ideal que muchos malinterpretan como ingenuo. No lo es. La Federación no es perfecta. Está llena de contradicciones, de errores, de tentaciones autoritarias. Precisamente por eso funciona. Porque se cuestiona a sí misma. Porque entiende que el fascismo no siempre llega con botas y banderas, a veces llega con excusas bien redactadas.

Hay episodios que hablan directamente del miedo al diferente, del odio institucionalizado, del poder que se justifica en nombre del orden. Y lo hacen sin necesidad de villanos caricaturescos. El verdadero enemigo suele ser una idea. O una decisión cómoda. O mirar hacia otro lado.

Lo extraordinario es que no sobra ningún episodio. Incluso los más aparentemente pequeños aportan algo: una reflexión, un matiz, una grieta. TNG no es una serie de “capítulos de relleno”. Es una serie de conversaciones necesarias.

Las actuaciones acompañan esa ambición. No hay histrionismo. No hay sobreactuación. Todo está contenido, medido, humano. Patrick Stewart eleva cada escena sin imponerse. El resto del reparto crece capítulo a capítulo, construyendo personajes que no son arquetipos, sino personas con contradicciones.

A diferencia de muchas producciones actuales, aquí no se confunde oscuridad con profundidad. No hace falta ensuciarlo todo para que sea adulto. La madurez de TNG está en su capacidad para mirar el horror sin recrearse en él. Para denunciar la injusticia sin convertirse en aquello que critica.

Cuando hoy se acusa a otras series de la franquicia de ser panfletarias, conviene recordar esto: TNG ya hablaba de todo eso, pero lo hacía mejor. Porque confiaba en el pensamiento crítico. Porque no necesitaba dividir al público en bandos. Porque entendía que el humanismo no es una moda, es una responsabilidad.

Hay algo profundamente incómodo para cierta mentalidad actual en esta serie: la idea de que el progreso no es inevitable, que hay que defenderlo cada día, y que incluso las sociedades más avanzadas pueden caer si renuncian a sus principios por miedo o comodidad.

TNG no envejece mal porque no dependía de la actualidad inmediata. Hablaba de lo esencial. De lo que somos cuando nadie nos obliga a ser mejores. De lo fácil que es traicionar valores cuando se vuelven incómodos.

Por eso sigue siendo relevante. Por eso sigue siendo necesaria. Y por eso duele compararla con muchas cosas que vinieron después. No porque el mundo haya cambiado, sino porque quizá hemos olvidado escuchar.

No es nostalgia. Es coherencia. Es una serie que creía de verdad en lo que decía. Y eso se nota en cada plano, en cada silencio, en cada decisión difícil.

No por perfección técnica, sino por algo mucho más raro: porque todavía hoy nos exige estar a la altura de lo que cuenta.