Pocas veces Marvel se ha atrevido a soltarse tanto la melena como aquí. Marvel Zombies arranca a toda velocidad y no frena en ningún momento, lanzando a sus héroes a un infierno de sangre, caos y humor negro. Desde el primer minuto se nota que esta vez el estudio se ha permitido jugar con sus propios iconos, sin miedo a mancharlos —literalmente— y disfrutando de su propio exceso.
La animación es brillante: fluida, violenta y visualmente poderosa. Hay secuencias que parecen salidas de un cómic de los 90, con una energía brutal y una sensación constante de peligro. Es cierto que todo va muy rápido, pero ese ritmo sin descanso encaja perfectamente con el tono apocalíptico. Entre explosiones y vísceras animadas, hay espacio para momentos de ingenio y guiños a los fans que demuestran amor por el material original.
Iman Vellani, como Kamala Khan, se convierte en el corazón de la historia. Su entusiasmo y su fe en la humanidad contrastan con la locura que la rodea, y ese equilibrio entre ternura y desesperación da a la serie una emoción inesperada. Junto a ella, un grupo de personajes secundarios que, aunque no todos brillan igual, logran mantener la tensión y el carisma que esperas de un producto Marvel.
Lo mejor es la libertad con la que se atreve a romper las reglas. No hay discursos sobre el poder ni moralejas sobre el sacrificio, solo supervivencia pura y dura, con una ironía que recuerda por momentos a los mejores episodios de What If...?. Cada episodio deja la sensación de que el estudio podría (y debería) explorar más este universo oscuro, porque funciona.
Marvel Zombies no es perfecta, pero sí tremendamente divertida, atrevida y visualmente adictiva. Es una rareza dentro del MCU que demuestra que la franquicia puede reinventarse cuando se quita el corsé. Cuatro episodios no bastan, y ojalá no sea el final de esta locura zombi que deja con ganas de mucho más.