Cuando Héctor Germán Oesterheld escribió El Eternauta en 1957, ilustrado por Francisco Solano López, todavía faltaba más de una década para que George A. Romero estrenara La noche de los muertos vivientes (1968), considerada fundacional en el género del apocalipsis zombi. Y, sin embargo, El Eternauta ya contenía muchos de los elementos que luego serían clásicos: la invasión, el encierro, el enemigo invisible, la amenaza que transforma a los propios humanos en monstruos, y la resistencia desesperada por sobrevivir.
Pero hay una diferencia crucial: en El Eternauta no hay héroes individuales, sino una épica colectiva. Como dijo el propio Oesterheld: "El verdadero protagonista es el grupo humano". La historia nos muestra cómo personas comunes se enfrentan a un poder inmenso, difuso, que se manifiesta poco a poco y al que solo se puede enfrentar desde la solidaridad. Foucault diría que el poder se ejerce, no se posee, y en esta historieta lo vemos claramente: el control viene desde lo invisible, lo impersonal, lo estructural.
La reciente serie de Netflix, estrenada en 2025 y dirigida por Bruno Stagnaro, adapta esta obra clave de la ciencia ficción argentina al lenguaje contemporáneo. Lo hace respetando su espíritu original, pero también actualizando su estética y narrativa para una nueva generación. La elección de Juan Salvo (interpretado por Ricardo Darín) como narrador y protagonista mantiene el anclaje emocional, mientras que los efectos especiales y el tono oscuro refuerzan el clima de incertidumbre y desesperanza.
Es imposible no ver en esta serie un reflejo de la Argentina actual: un país golpeado por crisis, donde el afuera es hostil y la desconfianza entre pares amenaza tanto como el enemigo externo. Netflix, en ese sentido, le rinde homenaje a Oesterheld —desaparecido durante la dictadura militar por su compromiso político—, y con él, a una visión del mundo donde la ciencia ficción no es solo entretenimiento, sino denuncia, advertencia y esperanza.
En tiempos de tantas distopías serializadas como The Walking Dead, Black Mirror o Lost, El Eternauta vuelve para recordarnos que la supervivencia no depende del más fuerte, sino del que elige no abandonar al otro. En un país donde lo colectivo muchas veces parece desdibujarse, esta serie es una caricia, pero también un llamado urgente a la memoria, a la resistencia y a la unión.