1923 está bien, y sería absurdo negar su calidad. Se ve el dinero, el oficio, el nivel de producción, la fotografía y esa ambición de gran relato que Taylor Sheridan maneja tan bien dentro de este universo. Tiene empaque, tiene presencia y tiene momentos que de verdad parecen cine más que televisión. Pero, aun reconociendo todo eso, a mí no me ha llegado tanto como Yellowstone o 1883.
Creo que una de las razones es que aquí todo me ha resultado más previsible. La serie sabe construir tensión, sabe moverse entre distintos frentes y sabe envolverlo todo con un aire grande, épico y solemne, pero muchas veces da la sensación de que ya sabes por dónde va a tirar emocional y narrativamente. No me ha sorprendido tanto ni me ha golpeado con la misma fuerza que las otras. Está bien hecha, sí, pero le falta algo de la verdad emocional o del temblor que sí tenían esas dos.
Eso no quita que haya muchas cosas muy buenas. Harrison Ford y Helen Mirren aportan muchísimo. Tienen peso, oficio, autoridad y una química que hace que todo suba de nivel en cuanto aparecen. Los dos sostienen muy bien esa idea de una generación vieja intentando aguantar un mundo que cambia, se endurece y empieza a escapárseles de las manos. Cuando están en pantalla, la serie gana en densidad y en interés.
Además, formalmente es impecable en muchos momentos. La fotografía es magnífica, los paisajes están filmados con una fuerza tremenda y toda la producción transmite esa sensación de gran western televisivo hecho sin tacañería. Se nota el cuidado en el diseño, en el vestuario, en la puesta en escena, en la escala general del proyecto. En ese sentido, pocas pegas se le pueden poner. Sheridan sabe vender grandeza visual como casi nadie en televisión.
El problema, para mí, es que tanta calidad formal no siempre viene acompañada por la misma intensidad dramática. Hay tramas que tardan demasiado en cuajar, otras que parecen más interesantes sobre el papel que en su desarrollo real, y en general me ha faltado un poco más de imprevisibilidad. La serie se deja ver muy bien, claro que sí, pero no me ha arrastrado con esa mezcla de fascinación y herida que sí encontré en 1883 o incluso en los mejores momentos de Yellowstone.
Al final, 1923 me parece una buena serie, incluso una serie notable, pero no una de las cimas del universo Dutton. Tiene calidad, tiene nombres enormes, tiene imagen, tiene producción y tiene empaque. Lo que no termina de tener, al menos para mí, es ese algo más que convierte una serie buena en una serie inolvidable.