Este brillante retrato de las relaciones humanas y el paso del tiempo se posiciona como una de las grandes joyas del panorama audiovisual español. Rodrigo Sorogoyen, con su habitual maestría, nos regala una serie que no solo refleja con realismo las complejidades de las conexiones humanas, sino que lo hace con una sinceridad y sensibilidad pocas veces vistas en pantalla.
La narrativa de Los años nuevos, estructurada alrededor de fechas significativas, es un ejercicio audaz y cautivador. Lejos de caer en la repetición, cada episodio aporta algo nuevo, explorando diferentes facetas de las relaciones de pareja y de la vida en la treintena. La serie captura a la perfección los pequeños gestos, los silencios y las emociones que definen estos momentos, logrando que cada escena se sienta cercana y auténtica.
Las interpretaciones de Iria del Río y Francesco Carril son el alma de la serie. Su química y la verdad que transmiten en sus actuaciones convierten a sus personajes en espejos de los espectadores, haciéndonos partícipes de sus alegrías, dudas y dolores. Ambos actores logran transmitir una humanidad que resulta desarmante, elevando cada escena en la que aparecen.
La dirección de Sorogoyen es impecable, utilizando su talento para las secuencias colectivas y los planos largos con una precisión que otorga un dinamismo único a la serie. A esto se suma un guion que, con diálogos realistas y certeros, explora temas universales como el amor, el tiempo y la inevitabilidad del cambio, sin caer en el melodrama.
En definitiva, Los años nuevos es una obra extraordinaria que se siente tanto íntima como trascendental. Una serie que no solo cuenta una historia, sino que la vive y la respira, dejando al espectador con una sensación de haber presenciado algo tan real como inolvidable.