Mi primera reacción al ver el prólogo de la serie fue de sorpresa y curiosidad. De hecho, me pareció muy interesante e innovador; se alejaba de las típicas series de Netflix, dándome una probadita de sátira social e ironía. ¡Era brillante!
Pero, cuán equivocada estaba. Capítulo tras capítulo, el enfoque se perdía, y lo que pudo ser una gran obra de cine español, como tiempo atrás lo fue "La casa de papel" (es inevitable compararlas, mismos creadores, ¿qué puedo decir?), terminó siendo una gran propuesta desperdiciada. Es una lástima, en realidad.
Me forcé a terminar la serie porque lo que se empieza se termina, ¿no? Pero fracasé en el intento, no consiguiendo superar más de la mitad de la serie.
Podría hablarte de la masturbación en la ducha de Miki Esparbé, que lejos de ser una escena significativa y con un impacto emocional debido a la vulnerabilidad del momento, terminó siendo un fragmento sensacionalista, siendo filmado de un modo tan impersonal, que se acabo convirtiendo en material para morbo visual.
Seguiría con la conexión forzada de Max y Miki, ya que su creciente relación fue relleno para darnos ese momento picante y debatible entre los espectadores, pero lamentablemente la falta de naturalidad en el acercamiento de ambos y el hecho de que fue tan acelerado, no cumple con lo esperado.
Y, por último, pero no menos importante, lo definiría como la cereza del pastel, la muerte de Oswaldo: tres palabras; rápida, innecesaria y confusa. Pero bueno, otra gran idea desperdiciada...
Hasta aquí mi reseña, no creo que haga falta verme los otros cuatro capítulos para dar mi honesta opinión, quisiera decir que la cancelación de la serie tras esta primera temporada fue una pena, pero no nos digamos mentiras ¡suerte para la próxima!