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Una de las mejores series de la historia de la televisión, que cuenta con un guión de lo más original e interesante, y personajes míticos de esos que son irrepetibles (de ahí que un remake descafeinado sobrara).
Además de ser diferente y tener un arranque que contaba más bien con un bajo presupuesto, algunas escenas, personajes o conceptos han quedado grabados a fuego en los que fuimos adictos a la serie de niños.
Lo mejor es que es revisitable (a pesar de los obsoletísimos efectos especiales).
Además de ser diferente y tener un arranque que contaba más bien con un bajo presupuesto, algunas escenas, personajes o conceptos han quedado grabados a fuego en los que fuimos adictos a la serie de niños.
Lo mejor es que es revisitable (a pesar de los obsoletísimos efectos especiales).
Cuando una web mete toda V en el mismo saco, hay que aclarar algo desde el principio:
no es una sola serie.
Son tres.
Primero está la miniserie original de 1983.
Después V: La batalla final.
Y finalmente la serie semanal de 1984.
Las tres forman parte de la misma historia, sí.
Pero no tienen el mismo tono, ni la misma ambición, ni la misma calidad.
Y, aun así, para mí las tres forman un conjunto inseparable.
Un 10.
La primera miniserie es la gran obra.
Ahí está todo lo que convirtió V en algo especial.
Las naves sobre las ciudades.
Los Visitantes llegando con una sonrisa.
La propaganda.
La persecución de científicos.
La colaboración de unos.
La resistencia de otros.
Y debajo de toda la ciencia ficción, una parábola clarísima sobre el fascismo.
Con los años entendí que los lagartos eran casi lo de menos.
Lo importante era la ocupación.
La forma en que una sociedad podía aceptar progresivamente perder libertades mientras alguien prometía orden, seguridad y progreso.
Hay una imagen que nunca se me ha ido de la cabeza: un anciano enseñando a los jóvenes a pintar la V.
V de Victoria.
No era solo una pintada.
Era memoria.
Alguien que ya había visto cómo empieza todo enseñando a otra generación que hay momentos en los que no mirar hacia otro lado también es una obligación.
Después llegó La batalla final.
Y ahí V cambió.
Ya sabíamos quiénes eran los Visitantes.
Ya no hacía falta descubrir nada.
Ahora tocaba luchar.
Más acción.
Más disparos.
Más incursiones en las naves.
Más efectos.
Más guerra.
Menos sutileza política, sí.
Pero también una enorme sensación de culminación.
Michael Ironside entra como Ham Tyler y parece que hubiera nacido para ese universo.
Jane Badler termina de convertir a Diana en una villana televisiva inolvidable.
Marc Singer sigue siendo Mike Donovan.
Faye Grant mantiene a Julie en el centro de la Resistencia.
Robert Englund hace de Willie uno de esos personajes imposibles de olvidar.
Y para mí La batalla final siempre tuvo algo de cierre verdadero.
La primera era ocupación.
La segunda, rebelión.
Parecía que la historia había llegado a su final natural.
Pero el éxito fue demasiado grande.
Y entonces llegó la serie semanal.
La más floja.
Claramente.
Más barata.
Más episódica.
Más repetitiva.
Mucho más cercana al culebrón.
Con tramas bastante tontas.
Todo lo de Nathan Bates y Science Frontiers nunca me convenció demasiado.
Los efectos bajaron.
Se reciclaron planos.
La carga política se fue perdiendo.
Y algunas historias se volvieron directamente absurdas.
Lo veo ahora.
Y seguramente también lo veía entonces de otra manera.
Pero me daba igual.
Porque seguía siendo V.
Seguían estando Diana, Donovan, Willie, Ham Tyler.
Llegaron Lydia, Kyle, la evolución de Elizabeth.
Y cada semana volvía ese universo que ya sentía como mío.
Incluso hoy recuerdo perfectamente el final.
La marcha de Elizabeth.
Kyle colándose en aquella nave.
Esa sensación de que aún quedaba historia.
Más de cuarenta años después.
Eso no se consigue solamente con nostalgia.
Algo tuvo que hacer muy bien una serie para quedarse así metida en la memoria.
Claro que ha envejecido.
Claro que algunos efectos hoy cantan.
Claro que hay agujeros de guion enormes.
Y claro que la serie semanal está muy por debajo de las dos miniseries.
Pero nunca he necesitado fingir que V es perfecta para adorarla.
La he visto una barbaridad de veces.
Probablemente unas veinte.
Y volveré a verla.
Porque primero vi naves y lagartos.
Después entendí fascismo, propaganda y resistencia.
Luego vi una guerra.
Y finalmente seguí a esos personajes semana tras semana incluso cuando la historia ya no estaba a la altura del comienzo.
Por eso, cuando una web junta las tres etapas bajo un único título, mi valoración también tiene que juntarlas.
La miniserie original es la gran obra.
La batalla final, la culminación.
La serie semanal, la continuación imperfecta.
Tres V distintas.
Tres niveles diferentes.
Pero una sola historia en mi memoria.
Y para mí, toda ella:
10/10.
no es una sola serie.
Son tres.
Primero está la miniserie original de 1983.
Después V: La batalla final.
Y finalmente la serie semanal de 1984.
Las tres forman parte de la misma historia, sí.
Pero no tienen el mismo tono, ni la misma ambición, ni la misma calidad.
Y, aun así, para mí las tres forman un conjunto inseparable.
Un 10.
La primera miniserie es la gran obra.
Ahí está todo lo que convirtió V en algo especial.
Las naves sobre las ciudades.
Los Visitantes llegando con una sonrisa.
La propaganda.
La persecución de científicos.
La colaboración de unos.
La resistencia de otros.
Y debajo de toda la ciencia ficción, una parábola clarísima sobre el fascismo.
Con los años entendí que los lagartos eran casi lo de menos.
Lo importante era la ocupación.
La forma en que una sociedad podía aceptar progresivamente perder libertades mientras alguien prometía orden, seguridad y progreso.
Hay una imagen que nunca se me ha ido de la cabeza: un anciano enseñando a los jóvenes a pintar la V.
V de Victoria.
No era solo una pintada.
Era memoria.
Alguien que ya había visto cómo empieza todo enseñando a otra generación que hay momentos en los que no mirar hacia otro lado también es una obligación.
Después llegó La batalla final.
Y ahí V cambió.
Ya sabíamos quiénes eran los Visitantes.
Ya no hacía falta descubrir nada.
Ahora tocaba luchar.
Más acción.
Más disparos.
Más incursiones en las naves.
Más efectos.
Más guerra.
Menos sutileza política, sí.
Pero también una enorme sensación de culminación.
Michael Ironside entra como Ham Tyler y parece que hubiera nacido para ese universo.
Jane Badler termina de convertir a Diana en una villana televisiva inolvidable.
Marc Singer sigue siendo Mike Donovan.
Faye Grant mantiene a Julie en el centro de la Resistencia.
Robert Englund hace de Willie uno de esos personajes imposibles de olvidar.
Y para mí La batalla final siempre tuvo algo de cierre verdadero.
La primera era ocupación.
La segunda, rebelión.
Parecía que la historia había llegado a su final natural.
Pero el éxito fue demasiado grande.
Y entonces llegó la serie semanal.
La más floja.
Claramente.
Más barata.
Más episódica.
Más repetitiva.
Mucho más cercana al culebrón.
Con tramas bastante tontas.
Todo lo de Nathan Bates y Science Frontiers nunca me convenció demasiado.
Los efectos bajaron.
Se reciclaron planos.
La carga política se fue perdiendo.
Y algunas historias se volvieron directamente absurdas.
Lo veo ahora.
Y seguramente también lo veía entonces de otra manera.
Pero me daba igual.
Porque seguía siendo V.
Seguían estando Diana, Donovan, Willie, Ham Tyler.
Llegaron Lydia, Kyle, la evolución de Elizabeth.
Y cada semana volvía ese universo que ya sentía como mío.
Incluso hoy recuerdo perfectamente el final.
La marcha de Elizabeth.
Kyle colándose en aquella nave.
Esa sensación de que aún quedaba historia.
Más de cuarenta años después.
Eso no se consigue solamente con nostalgia.
Algo tuvo que hacer muy bien una serie para quedarse así metida en la memoria.
Claro que ha envejecido.
Claro que algunos efectos hoy cantan.
Claro que hay agujeros de guion enormes.
Y claro que la serie semanal está muy por debajo de las dos miniseries.
Pero nunca he necesitado fingir que V es perfecta para adorarla.
La he visto una barbaridad de veces.
Probablemente unas veinte.
Y volveré a verla.
Porque primero vi naves y lagartos.
Después entendí fascismo, propaganda y resistencia.
Luego vi una guerra.
Y finalmente seguí a esos personajes semana tras semana incluso cuando la historia ya no estaba a la altura del comienzo.
Por eso, cuando una web junta las tres etapas bajo un único título, mi valoración también tiene que juntarlas.
La miniserie original es la gran obra.
La batalla final, la culminación.
La serie semanal, la continuación imperfecta.
Tres V distintas.
Tres niveles diferentes.
Pero una sola historia en mi memoria.
Y para mí, toda ella:
10/10.