V me encanta, y en mi caso no puedo separarla del recuerdo de cómo se vivió aquí. En España fue un fenómeno enorme, hasta el punto de que los sábados se paraba todo para ver el episodio nuevo. Pero más allá del dato, lo que queda de verdad es esa sensación de acontecimiento absoluto, de serie que en la infancia parecía gigantesca.
Vista hoy, claro que se notan los años, pero conserva muchísima fuerza. Los efectos especiales eran muy buenos para un producto televisivo de principios de los ochenta, las naves imponían, la idea de los Visitantes funcionaba de maravilla y la mezcla de espectáculo, paranoia y resistencia tenía un gancho brutal. Había algo muy poderoso en ese contraste entre la puesta en escena casi amable de los invasores y la amenaza real que escondían detrás.
Además, la serie tenía más fondo del que parecía a simple vista. No era solo ciencia ficción popular con lagartos y platillos volantes. Detrás había una parábola muy clara sobre el fascismo, la propaganda, el colaboracionismo y la resistencia, y eso le daba una fuerza especial. Incluso de niño se notaba que aquello era importante, aunque no supieras explicarlo con esas palabras. No era solo “qué miedo dan los extraterrestres”, sino la sensación de que estaban ocupando el mundo desde dentro.
Eso también explica por qué dejaba tanta huella. Tenía aventura, suspense, cliffhangers y momentos icónicos, pero debajo de todo eso había una historia sobre manipulación, ocupación y rebeldía que se te quedaba metida. Luego, al revisitarla de adulto, pierde inevitablemente algo del deslumbramiento original, porque los ojos de la infancia no vuelven. Pero lo que no pierde es ese recuerdo emocional tan fuerte, esa asociación inmediata con una época, una televisión y una manera de vivir las series que ya no existe.
No diría que hoy sea perfecta. Hay interpretaciones irregulares, cierta ingenuidad narrativa y cosas que ahora se ven más mecánicas o más simples. Pero sinceramente, me da bastante igual. Tiene imaginación, atmósfera, identidad y un sentido del espectáculo televisivo que sigue funcionando. Y cuando una serie se te queda incrustada así en la memoria durante más de cuarenta años, es por algo.
Para mí, V sigue siendo una maravilla de su tiempo: una serie que mezcló entretenimiento popular, miedo, ciencia ficción y una lectura política bastante más seria de lo que muchos recuerdan. La he visto muchas veces después, ya sin aquel hechizo intacto de los once años, pero ese primer impacto sigue ahí, intacto en algún sitio. Y eso también forma parte de su grandeza.