Es difícil resistirse al poder y energía de un concurso televisivo de preguntas y respuestas, un formato que parece presente en nuestras vidas desde tiempos inmemoriales. Casi desde que la televisión es televisión. La cultura general o cualquier tipo de tema convertido en cuestionarios que hay que resolver, exhibiendo intelecto y curiosidad además de ambición por conseguir un premio.
Se han hecho infinidad de variedad de este tipo de concursos, incluyendo preguntas especializadas en determinados temas o dinámicas de respuestas o interacción con el concursante que distinguen al programa. Su popularidad está también en el carisma de su presentador o que sus concursantes dejen la sensación de ser gente corriente como nosotros, pero con capacidad de retentiva que puede traducirse en éxito.
Muchos de estos concursos han durado décadas, y se han expandido a muchos territorios. Otros se quedaron como objetos de culto que, tras ser un fenómeno en su momento, acabaron parando y luego regresando para cautivar nuevas generaciones. Mastermind es uno de esos últimos, siendo uno de los programas más populares de Reino Unido que emite la BBC.
Un interrogatorio intenso
Su dinámica es puras preguntas y respuestas, con los concursantes pudiendo elegir determinados temas en los que pueden desempeñarse con facilidad. No por ello dejaba de ser increíblemente exigente. Cada participante tenía que sentarse en una característica butaca de cuero negro, ser enfocado por un intenso foco de luz y ser preguntando implacablemente por el presentador, denominado “el Interrogador” en este contexto, por su “Nombre, ocupación y especialidad” antes de poder pasar a las preguntas que debe responder. Todo en un límite de tiempo muy acotado.
Tener razón y ganar 500.000 dólares o equivocarse y marcharse con 25.000: esta persona arriesgó e hizo historiaSi la situación descrita parece la de un intenso interrogatorio, es porque realmente lo es. Bill Wright, creador y productor del programa, lo diseñó expresamente así a partir de sus experiencias siendo interrogado por la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial. Ser intensamente preguntado por su “Nombre, rango y número de serie” hasta que se verificasen credenciales e información proporcionada generaron un trauma que luego supo transformar en televisión candente, entretenida y emocionante.
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