Samantha Villar estuvo hace tiempo en boca de todos con su programa 21 días, un título escogido a conciencia: dicen que los hábitos los adquirimos cuando los repetimos durante, eso es, 21 días.
Samantha Villar debe acumular cientos de anécdotas, algunas divertidas, otra mucho más emotivas, y algunas de ellas las ha contado en el pódcast B3TTER, un episodio en el que la periodista y presentadora cuenta "cómo fue grabar 21 días, el programa que marcó a toda una generación: los episodios que casi la destruyen físicamente, las secuelas que arrastra hasta hoy y los capítulos que Cuatro prohibió emitir".
Para ella, de entre todos los programas emitidos, uno de los más importantes fue el que tuvo como protagonista a Marlene, una mujer boliviana minera que se sacrificó en un trabajo que se pensaba solo podían hacer hombres para darles un futuro a sus hijos.
Uno de los reportajes fundamentales fue el de la mina en Bolivia, porque le cambió la vida a Marlen, su protagonista; se la cambió literalmente
En la mina de Morococala, un poblado de los Andes en Bolivia, era donde tenía su puesto de trabajo Marlene. Durante cinco años bajaba a profundidades inhumanas para extraer, cada vez, una cantidad ínfima de estaño. Y, efectivamente, la emisión de este reportaje le cambió la vida radicalmente a Marlene.
Conmovió tanto a la audiencia que se organizó una colecta y le compraron una casa
"La emisión conmovió tantísimo a la audiencia que la gente se organizó, hizo una recolecta de dinero, le compraron una casa y lograron sacarla de la mina. Fue algo absolutamente alucinante. Además, se coordinó apoyo tanto con personas en Bolivia como en España".
Por una vez, y ojalá sentara precedentes, la televisión deja de crear y difundir bulos y odios y se convirtió en una herramienta capaz de salvar vidas. "Marlene está profundamente agradecida, porque gracias a ese reportaje pudo huir de una mina que se derrumbaba y que podría haberle costado la vida".
Hasta que Marlene estuvo a salvo, Samantha no paró de pensar en su historia: "Yo me fui con la sensación de que cualquier día me llamarían para decirme que Marlen había muerto. No veía otra salida para ella: sufría el acoso del marido, que tenía acceso a dinamita de la mina, en un entorno extremadamente violento, sumado a la inseguridad estructural del propio yacimiento, donde no deberían haber estado trabajando, pero no tenían alternativa".
Villar asegura que aún sigue en contacto con Marlene, y aunque su situación linde con la miseria "Al menos está fuera de peligro. Seguimos en contacto: ella me llama hermana y yo la llamo hermana; hablamos de nuestros hijos y de la familia. Incluso tiene nietas, y una de ellas se llama Samanta. He mantenido la relación con ella todo este tiempo, y aunque su situación sigue siendo difícil, su vida ya no corre el mismo riesgo".