Ser una figura pública sin pelos en la lengua tiene sus consecuencias. Y, lamentablemente, en una situación tan encrespada como la actual, ser alguien que habla de política en televisión puede conllevar ataques físicos en la calle. Es lo que le ha pasado a El gran Wyoming, icónica figura del entretenimiento español que, según ha relatado en su reciente entrevista con Aimar Bretos, sufrió una agresión de mano de tres desconocidos que le dejó la cara marcada. Esto, que puede parecer que quedó en la España franquista, sucedió "hace poco", como asegura el presentador.
Wyoming siempre se ha caracterizado por hablar de política sin tapujos y, además, por exponer su ideología de manera clara. Ante esto, Bretos le ha preguntado si teme que en algún momento le agredan por la calle. "Ya me han agredido, lo que pasa es que no tenía que haberlo contado, lo he vivido", relata ante la pregunta de Bretos. "Me dijeron 'hijo de puta', 'rojo' y me calzaron una ostia"
Fueron "tres gilipollas", añade, "me fui rápido, me apañaron la cara y muy bien".
Yo iba por la calle y 'eh, hijoputa, rojo, no sé qué'. Me volví y les dije: '¿Qué pasa? ¿Cuál es el problema?'. Y me calzaron una hostia y me dieron la vuelta
En un primer momento decidió no decírselo a nadie. "Lo oculté, dije que había sido jugando al baloncesto, que ya ves...que me habían dado un codazo. No quería entonces mostrarlo", confiesa.
Esta confesión ha generado varias reacciones. Una de ellas viene de Ana Pastor, compañera de profesión y de cadena durante muchos años. "Horrorizada con esto que cuenta Wyoming. Por cercano. Por más habitual de lo que mucha gente cree", escribe en su cuenta de X.
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Wyoming, criado en el madrileño barrio de Prosperidad, también ha repasado su juventud en instituciones como la OJE, la Falange o el Opus Dei, además de colegios muy estrictos. "La letra con sangre entra es verdad, pero no es un sistema adecuado", señala.
Como muchos saben, estudió Medicina en la universidad. Esto fue para él un despertar político, ya que en el campus vivió ese ambiente de protestas estudiantiles y la presencia policial de los años 70. "Yo era más anarquista, más hippie. Fumaba muchos porros y no podía militar porque la militancia entonces era algo muy serio: te jugabas años de cárcel y torturas", apunta. Aunque logró licenciarse y llegó a ejercer como médico del Insalud en la localidad de Buitrago del Lozoya mientras hacía la mili, terminó desencantado con la profesión. No le gustaba cómo estaba planteada la sanidad pública en aquel momento, ya que la masificación de pacientes le recordaba a "campañas de vacunación del Tercer Mundo" y apenas tenía tiempo para escuchar la historia de cada enfermo. Esto, sumado a sus actuaciones de fin de semana con su grupo de rock, hizo que terminara abandonando la medicina para dedicarse al espectáculo.