Marcos Llorente es ese futbolista conocido por sus gafas amarillas, las luces rojas de su casa y por llevar unos hábitos saludables que no duda en compartir con todo aquel que le quiera escuchar. El centrocampista del Atlético de Madrid ha visitado el plató de El Hormiguero para hablar de todo un poco, incluida su rutina y su férrea disciplina por vivir del mejor modo que le es posible.
Para empezar, ha declarado que a la hora a la que se emite el programa de Pablo Motos él ya está subiendo a dormir a su habitación. "Ahora estaría subiendo a la cama ya. Me acuesto a las 22:00 o 22:15. Si no pasa nada raro, ya estoy arriba", cuenta el futbolista, que solo se permite cambiar los hábitos en función de la luz solar, "En verano igual, aunque en invierno, como amanece más tarde y puedo dormir más, pues a veces son las 22:30 o 23:00 horas, si estoy en casa". Y añade que se permite saltar la rutina si tiene "cualquier plan o cosa, no me pongo horarios".
Motos también le ha preguntado por sus hábitos alimenticios, ya que es sabido por muchos que Llorente evita ciertos alimentos perjudiciales para el cuerpo. A pesar de ello, admite que se permite ciertos caprichos. "Comer por comer, no, pero si hay un postre que está bueno, sí. No cuento calorías. El balance, para mí, no es el cómputo global a lo largo del día", le ha contestado, "igual que no hago deporte por la noche, para mí es más importante el cuándo que el qué".
Antena 3
"Salía de casa a las 08:30 horas con 13 o 14 años y volvía de noche"
Esta disciplina y constancia siempre le ha acompañado, desde que era un niño y adolescente. El madrileño comenzó en el Club Deportivo Las Rozas y la Escuela de Fútbol Roceña antes de ingresar en el Club de Fútbol Rayo Majadahonda. Ahora Llorente puede presumir de físico como atleta profesional, pero cuando era un niño era muy menudo. Siempre ha sido el más pequeño de su equipo.
El fútbol siempre ha sido su prioridad número 1, incluso cuando era muy joven. "Hay tiempo para todo. Yo salía de casa a las 08:30 horas con 13 o 14 años y volvía de noche. Es complicado, pero es lo que quería hacer", le ha confesado al presentador.
También ha asegurado que él era un niño muy frío, no mostraba mucho sus sentimientos, al igual que hace su padre. "Me costaba expresar mis emociones y a mi padre igual; a veces ni nos saludábamos y nos pusieron de deberes decirnos 'te quiero' siempre que nos veíamos", cuenta. Por suerte es algo que ha podido solucionar para mejorar la relación con él.
Aunque era frío de sentimientos, tenía una energía desbordante y se ha descrito casi como "hiperactivo" porque no se despegaba del balón.