Esta es la historia de algo que parece improbable. El periplo de Zak Brown, director ejecutivo de McLaren Racing, no comenzó sobre ruedas, sino en un plató de televisión, frente a un panel lleno de letras y una ruleta de colores.
Siendo solo un adolescente, Brown participó en la edición juvenil del concurso Wheel of Fortune, vamos, la Ruleta de la fortuna de toda la vida. Tuvo tan buena suerte que ganó y, como premio, obtuvo aproximadamente 3.000 dólares en objetos como relojes. En ese momento de su vida, estaba obsesionado con el béisbol, pero no sabía cómo acceder a este deporte sin contactos. Un día, sin embargo, acudió al Gran Premio de Long Beach, un evento de Fórmula 1, y allí conoció a Mario Andretti, una figura legendaria del automovilismo.
La inversión más importante de su vida
Sí que Brown había estado en contacto parcialmente con el automovilismo, ya que iba a las carreras con su familia, pero siempre lo había tenido como un hobby. Sin embargo, al conocer a Andretti, todo da un giro. Se empieza a interesar por el mundillo y aquel le dice que empiece por lo básico si quiere labrarse un futuro en el deporte: el karting.
Decide entonces invertir lo que ganó en el concurso para entrar en el negocio del karting. A partir de entonces, comenzó a competir, a viajar y a entrar en contacto con el ecosistema del deporte, aunque pronto descubrió que su talento no estaba al volante, sino fuera de la pista.
Brown comenzó a conectar patrocinadores con equipos y pilotos, aprovechando su conocimiento del entorno y su facilidad para generar relaciones. Esto le llevó a construir una agencia de márketing deportivo que acabaría siendo una de las más importantes del sector.
Años más tarde, este recorrido tan inusual, que recordemos comenzó con un premio en la Ruleta de la fortuna, lo llevó a la cima del deporte: la dirección de McLaren Racing. En la actualidad, el nombre de Zak Brown está asociado a uno de los equipos más importantes del mundo del deporte de motor. El punto de partida, sin embargo, es lo realmente sorprendente: un adolescente que ganó un concurso y que, más tarde, conseguiría forjar su nombre con letras de oro en la Fórmula 1.
Si algún día ganas unos 3.000 euros en un concurso, inviértelos bien, porque puede que, incluso, llegues a ser millonario.