El regreso de Operación Triunfo a Televisión Española en 2017 no solo redefinió el fenómeno fan en España, sino que dejó momentos imborrables en la historia reciente de la televisión española. Entre ellos, la actuación de Raoul Vázquez y Agoney en la Gala 7 al interpretar Manos vacías de Miguel Bosé) que culminaron con un beso en directo. Lo que para la audiencia supuso un hito de visibilidad LGTBIQ+, para uno de sus protagonistas representó una auténtica tormenta personal.
En una entrevista concedida a FormulaTV con motivo del lanzamiento de su álbum debut (El Pecado), Raoul Vázquez se sinceró sobre la complejidad emocional que rodeó aquella actuación sugerida por el claustro de profesores de la Academia.
No estaba preparado, aunque deseaba hacerlo
A pesar de la naturalidad con la que el gesto fue recibido en las redes sociales, el cantante confesó el impacto psicológico que sufrió durante el concurso: "La semana del beso fue la peor de mi vida y la primera vez que tuve ansiedad. Sentía que le debía un respeto a mi familia", afirmó el artista, quien durante las galas posteriores tuvo un comportamiento muy criticado por los espectadores.
La reacción de la audiencia tras el programa añadió una capa extra de presión sobre el concursante. Según relató Vázquez, el juicio social fue implacable al no comprender las razones de su tensión en plató: "La gente no comprendía las razones de mi incomodidad ni mis malas reacciones en OT". El artista catalán aseguró que "mi familia se enterara por televisión me parece una falta de respeto" y que "a nadie se le pueden pedir explicaciones".
"Se me ha señalado mucho acusándome de aprovecharme del colectivo LGTBIQ+. A veces, las críticas más duras proceden del propio colectivo porque falta empatía", explicó, subrayando que a nadie se le deberían exigir explicaciones sobre sus tiempos de gestión personal y salida del armario.
A pesar del sufrimiento vivido en 2017, el intérprete hace un balance positivo del impacto que tuvo aquella actuación en su evolución personal y profesional. Para Raoul, aquel beso significó un punto de inflexión que le impulsó a derribar barreras internas: "Hoy me siento orgulloso de ese beso porque me empujó a hacer muchas otras cosas", concluyó.