Pasapalabra está en el punto de mira. Desde que se vieron obligados a cambiar El Rosco por AlaZ, los espectadores observan con detalle cada entrega. Aunque se introdujeron nuevas normas, las reglas de oro seguían siendo la base fundamental de la nueva prueba final. Pero este martes, 4 de agosto, saltaron todas las alarmas al considerar que se había roto una de ellas. O eso era lo que pensaba gran parte de la audiencia, ya que el concurso ha aclarado la polémica.
Al final de la entrega de este martes, 4 de agosto, Javier Alonso se enfrentaba a la prueba con la tira inversa, de la Z a la A, y llegaba a la última definición con una clara ventaja sobre David: 21 aciertos frente a los 11 de su rival. "Con la conducto subterráneo que recoge las aguas residuales y el agua de lluvia de una población para darle salida", señaló Roberto Leal.
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El concursante, dudoso, decidió comprar una nueva letra a cambio de cinco segundos de su tiempo y comenzó a pronunciar "Alcan..." sin terminar la respuesta para inmediatamente decir "Pasapalabra". Roberto Leal continuó la prueba con normalidad, pero los espectadores se quedaron confusos, ya que Javier Alonso se había saltado una de las normas de oro: una respuesta iniciada no admite marcha atrás.
La explicación de 'Pasapalabra' para dar por valido el amago de respuesta de Javier
Según explica el equipo de Pasapalabra a El Confidencial, este martes 4 de agosto no se saltaron ninguna de sus reglas de oro. De hecho, la normativa contempla este supuesto: Si un concursante comienza a verbalizar una respuesta pero, antes de completarla, decide decir "Pasapalabra", el turno puede darse por terminado sin que exista penalización. Eso sí, el fragmento pronunciado no puede constituir una palabra recogida en las fuentes lingüísticas que utiliza el programa.
En esta caso concreto, "Alcan" no existe en ninguna de la fuentes lingüísticas, por lo que la respuesta de "Pasapalabra" puede darse por válida al no ser ni correcta ni incorrecta. Aunque desde el programa afirman que ya sucedió con otro concursante, este suceso ha servido para que la audiencia conozca otro aspecto desconocido de la normativa del concurso.
La mayoría de espectadores creíamos que cualquier sonido pronunciado por el concursante se convertía automáticamente en respuesta definitiva, impidiendo cualquier rectificación. Pero la realidad es que hay un matiz. Si el participante llega a pronunciar una palabra completa reconocida por las fuentes del concurso, ya no puede corregirse: esa respuesta queda fijada y, si es incorrecta, se contabiliza como fallo.