A veces una broma se nos puede ir de madre. Eso es lo que le pasó al mítico programa Inocente, inocente, que en uno de sus rodajes tuvieron que cancelar la inocentada porque, sencillamente, se pasaron. La víctima no se ha llegado a revelar, al menos no en el podcast donde ha saltado la información, Lo que tú digas de Álex Fidalgo.
En uno de esos programas, el equipo decidió que era una buena producir una broma en la que se veían involucrados la mafia y una mujer secuestrada en el maletero de un coche. Valeriano Campillos, un histórico de la radiofórmula en nuestro país y colaborador del programa de inocentadas, declaró en el podcast: "En Inocente, Inocente es todo verdad. Ha habido una broma que hicimos hace muchos años a un actor que en ese momento era el actor estrella de las niñas en Antena 3, en una serie de Antena 3. Y el actor estrella literalmente se cagó en la broma y se puso a llorar como Heidi. Resulta que este iba con... el gancho iba a una reunión con un empresario, e iban en un coche y se pierden en un descampado. Y en ese descampado hay unos rumanos que tienen a una mujer secuestrada en un maletero".
El presentador del podcast, entre risas, exclama: "¡Qué clase de broma es esa!".
"Este chaval parece ser que en el coche iba muy a gustito a reunirse con el productor y se fumó un petardo, pues que ni en Fallas. Entonces él ya venía... Y este chico baja del coche. Y claro, ve aquello. Y ya se empieza a poner nervioso y de repente llega un coche de policía, que era yo, el policía con otro. Entonces llegamos ahí, salimos del coche y este viene: '¡Policía, policía! ¡Miren lo que está pasando!'. Y yo me pongo a hablar en rumano con los rumanos", continúa contando.
"Y este... dice: '¿Cómo?'. Yo me había sacado unas joyas, digo: 'Tenéis que ir ahí detrás a cagar'. Entonces este chico se puso en el suelo de rodillas llorando y encima, para más inri, se le veía la raja del culo. Entonces yo ya escuché que el director decía por aquí: 'Cortamos'. Es que se nos moría, ¿eh?", termina entre risas.
Está claro que esta confesión abre la puerta a una cuestión: ¿cuál es el límite entre la broma y la tortura? Pero también a otra: ¿de qué ídolo adolescente está hablando? Hagan sus apuestas