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El irlandés
Críticas
2,0
Pasable
El irlandés

Choque de culturas

por
Varias tradiciones se unen en esta película un tanto absurda y desnortada. Primero, lo que podría llamarse el "síndrome irlandés", por lo menos desde que John Ford dirigió 'El hombre tranquilo'. Quiero decir que se nos sitúa en un pueblo que parece aislado del mundo, con sus normas propias y al margen de todo, que se resiste a la civilización y se aferra a las tradiciones, a los pubs y a la cerveza como a un clavo ardiendo. Segundo, en el interior de ese hábitat siempre peculiar, la descripción de un personaje no menos estrafalario, en este caso un agente de la policía local chapucero y borrachuzo (Brendan Gleason, tan a gusto en su papel que da hasta envidia), que vive solo, no trabaja demasiado y visita de vez en cuando a su madre, ingresada en un asilo y tan poco convencional como su hijo, por decirlo con una cierta elegancia. Y tercero, una trama de contrabando de drogas que toma el pueblo como centro de operaciones y que se descubre gracias a un par de asesinatos, lo cual permite al debutante John Michael McDonagh introducir un esquema de "buddy movie" conflictiva, cuando el pulcro agente del FBI que interpreta Don Cheadle (también productor) pase a formar parte muy a su pesar de ese universo más bien alucinógeno.

Es una lástima, aunque también era previsible, que cada uno de estos aspectos apenas funcione, ni por sí solo ni en comandita. Lo peor, por supuesto, es la trama, que podría haberse convertido en una simple excusa para la descripción de personajes, pero a la que McDonagh intenta aportar relieve ilustrándola con un grupo de villanos de patética inspiración tarantiniana y una conclusión por completo contradictoria con lo que parecía el espíritu del film. Y por ende resulta inevitable la progresiva debilidad de los demás elementos, que van perdiendo fuerza a medida que avanza el metraje a la vez que se supeditan a una investigación atada a unas convenciones de escasa entidad y nulo desarrollo dramático. Como fichas de dominó, todos caen: el irlandés del título experimenta una súbita reconversión al heroísmo sacrificial mientras el americano se percata poco a poco de que, en el fondo, su compañero no sólo es un buen hombre, sino también más listo de lo que parece. Y ello daña tanto el dibujo del primero como el diseño de las relaciones entre ambos, que proporcionan algunos de los diálogos y situaciones más divertidos de la película.

'El irlandés' empieza con una escena de encendido cinismo y termina con un enfrentamiento entre buenos y malos. En el trayecto, se pierden muchas cosas, se banalizan otras y se diluye un conjunto que promete demasiado como para cumplirlo todo. Uno se pregunta, después de todo, si tenemos derecho a pedirle a una película como esta, tan posmoderna ella, coherencia y rigor, juzgarla desde las estructuras clásicas. Quizá no, pero resulta indudable que si hay algo que no vale es hacer trampa, fingir que se dominan todos los registros proporcionando unas pocas pinceladas de cada uno. Pues incluso como mera fotocopia-collage de tantos y tantos films de uno y otro género, la película termina sustentándose en un personaje y un actor que, finalmente, ni siquiera dan la talla.

A favor: la recreación de todo lo que ya sabemos sobre el carácter irlandés visto por el cine.

En contra: sus pretensiones de ser algo más que eso.
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