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    Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo
    Críticas
    4,0
    Muy buena
    Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo

    Magos del humor

    por Alejandro G.Calvo

    Es curioso que a Javier Fesser le haya llevado tanto tiempo hacer su primera película de animación, teniendo en cuenta que su obra -quizás con la excepción de Camino (2008) que viraba hacia una realismo mágico post-Terry Gilliam algo empalagoso-, pese a acogerse al formato de la acción real, parecía cimentarse en el cartoon más alucinado y tronchante, ese que convertía los usos y costumbres del folclore hispánico en un territorio cercano a Tex Avery y Chuck Jones (El secdleto de la tlompeta, 1995; El milagro de P. Tinto, 1998) y, claro, Francisco Ibáñez (La gran aventura de Mortadelo y Filemón, 2003). Así, al igual que le ocurría a Wes Anderson cuando cuadraba las formas de su cine en stop-motion en la deliciosa Fantástico Sr. Fox (2009), Fesser transmuta en un magnífico prestidigitador de la imagen animada en esta divertidísima Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, sin duda, uno de los grandes hits del cine nacional de este año.


    La fórmula es de lo más sencilla y exitosa: someter a los míticos agentes de la T.I.A. al mayor número de accidentes posibles. La comedia desenfrenada, incluso elástica, a lo Jerry Lewis -la persecución en sidecar rimaría con el clímax de Caso clínico en la clínica (1964)-, sometida a todo tipo de mamporrazos -estamos ante un nuevo récord del golpe continuo: no creo que haya otra película en la que los protagonistas sufran mayor número de trastazos- donde la propia risa se atraganta y ahoga en la garganta incapaz de encontrar descanso frente a tanto desenfreno cinético. Cuestión de velocidad, claro, pero también de acumulación. Es casi imposible aprehender todo lo contado en la película en un solo visionado ante el inacabable caudal de detalles, objetos, giros y accidentes que se muestran en la pantalla. Fesser, fiel costumbrista adorador de la España cañí, la del botijo y los vinilos de Julio Iglesias, además de tomar los personajes (e idiosincrasia propia) de Ibáñez, con un respeto absolutista, incluye en su película la misma pasión que el dibujante demostraba -como un Moebius de Sant Andreu de la Barca- por poblar las viñetas de cientos de elementos  humorísticos. Es en esa mimetización de las viñetas de Ibáñez junto al desarrollo espídico de la narración y sus avatares -al fin y al cabo, el film es una parodia de las cintas de espías a lo James Bond, tan cercana al espíritu de los ZAZ como al Michael Bay de Dolor y dinero (2013)- donde Mortadelo y Filemón... triunfa sin ambages. Una comedia de altura, autorreferencial y nostálgica (para bien), tan válida para los que, de críos, nos empapamos de los Super Humor, como para toda una nueva generación destinada a convertirse en fan irredenta de los personajes.


    A favor: Avalancha de chichones.

    En contra: La versión de Macaco del standard de Julio Iglesias “Me olvidé de vivir”.

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