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    Capitán América: El soldado de invierno
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    Capitán América: El soldado de invierno

    Otra misión espectacular resuelta con éxito: la rutina de Steve Rogers y Marvel

    por Daniel de Partearroyo
    Es evidente que el cine de entretenimiento evasivo de Hollywood reside, hoy por hoy, en el universo pirotécnico edificado por Marvel Studios. El plan de la editorial para llevar las aventuras de sus personajes a la gran pantalla adaptando el funcionamiento narrativo de sus diversas colecciones de cómics tuvo algún altibajo en aquella prehistoria que conocemos como Fase 1, pero desde el multimillonario punto de inflexión de Joss Whedon culminado por Los Vengadores (2012) la división cinematográfica de la Casa de las Ideas parece haber encontrado una fórmula narrativa eficaz, directa y espontánea que aplica con éxito a los nuevos largometrajes, para regocijo de sus fans y desesperanza de los estudios competidores que ansían reproducirla. En Capitán América: El soldado de invierno encontramos una nueva iteración del procedimiento que quizás sea la muestra más cercana a los parámetros del lenguaje de cómic de lo que llevamos visto en la Fase 2.


    Tomando como base el arco de "Capitán América" escrito por Ed Brubaker en 2005 y conocido como "El soldado de invierno", la segunda película individual del supersoldado Steve Rogers se aleja de los parámetros de aventura clásica que empapaban las imágenes de Capitán América: El primer vengador (Joe Johnston, 2011). Esta vez viste un traje de thriller de espionaje tecnológico que, pese a mantener el estilo narrativo directo y al grano de los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely, parece sentarle más incómodo. Si bien Rogers sigue siendo la estrella de la función, ya mucho menos desubicado en su vuelta a la vida después de siete décadas de congelación (hay dos chistes contados a este respecto), es fundamental el valor de su trabajo en equipo con los viejos conocidos Viuda Negra (Scarlett Johansson) y Nick Furia (Samuel L. Jackson), más la incorporación del sidekick Halcón (Anthony Mackie). Sin embargo, ni estamos ante la falta de relevancia del supuesto protagonista que había en Thor: El mundo oscuro (Alan Taylor, 2013) ni los engranajes de la buddy movie están tan bien engrasados como en Iron Man 3 (Shane Black, 2013; probablemente, la mejor película Marvel post-Vengadores): el capi es la estrella absoluta, con sus valores inquebrantables y nobleza a prueba de juegos de poder. El conflicto principal lo llevará a enfrentarse contra sus propios creadores en una trama de traiciones que alcanza al mismísimo núcleo de S.H.I.E.L.D. y, más importante a nivel personal, revisitar varias veces su pasado, ya sea en forma de simulacro/homenaje, de recuerdo vívido muy emotivo pero efímero o como trauma de pelo largo y armado hasta las dientes; un eterno retorno siempre conflictivo que seguramente es la mejor puntada con hilo de un guión bastante ingenuo durante el resto del tiempo.


    El enfoque de Anthony y Joe Russo a la dirección deja en segundo plano su carrera en el terreno de la comedia (episodios de Arrested Development y Community, películas como Bienvenidos a Collinwood y Tú, yo y ahora... Dupree) para centrarse en su faceta de lectores de cómics. Parece que los hermanos quieran recrear con sus imágenes la experiencia de pasar los ojos de una viñeta a otra para dejar las retinas extasiadas en la splash page a la vuelta de la página. Las set pieces de acción se suceden con generosidad hasta llegar a un clímax de destrucción aérea visualmente espectacular. Aun así, tanto en ese momento como en el resto del metraje, parece que las imágenes quieran contarnos algo mucho más sorprendente que lo que están haciendo. Puede que a estas alturas ver a un grupo de supertipos pegándose patadas y volando por los aires sobre un mar de píxeles centelleantes no sea suficiente para maravillarnos. Así se explica que El soldado de invierno crezca en valor y entone voz propia en ciertos momentos de depuración conceptual de auténtico oro (planificar una persecución automovilística en medio de un embotellamiento, una pelea multitudinaria en un ascensor o desencriptar secretos peligrosísimos en una Apple Store), más que en la orgía de espectáculo superheroico que ya presuponemos dentro de un producto de estas características. En ese aspecto, los Russo y su película aprueban con nota; pero como sucede con las colecciones de grapa de Marvel, para hacerse notar es necesario ir más allá y diferenciarse de la corriente principal.


    A favor: Un ritmo endiablado y economía narrativa de alto nivel sin renunciar a dar profundidad a los personajes... al menos a los que ya conocemos (pobre Agente 13).


    En contra: Escaso sentido de la maravilla y decepcionante presentación de Crossbones.

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